“Nada Tengo Que Ofrecer, Salvo Sangre, Sudor, Lágrimas Y Fatiga”

 

9 de mayo de 1940. En ese instante han transcurrido 8 meses desde la invasión nazi a Polonia y el inicio de la II Guerra Mundial, donde buena parte de Europa Central ha caído bajo el régimen de Adolf Hitler, con la amenaza de expandir su mandato de terror hacia el Oeste con Holanda, Bélgica y Francia en la mira de la Luftwaffe, los Panzer y los soldados alemanes, para atravesar el Canal de la Mancha y llegar a Inglaterra. Luego de un fallo de diplomacia por parte de Eduardo y Wallis Simpson, Duques de Windsor, al visitar Alemania 2 años antes demostrando simpatías hacia los nazis y ante el fracaso del gobierno para evitar la expansión de la guerra por parte del Primer Ministro Neville Chamberlain, el Parlamento, el Rey Jorge VI y el pueblo británico necesitan de alguien que comande al país en este período de tribulación, de terror, pero también de esperanza, de paz, de victoria. Este líder es Sir Winston Churchill, donde su vida y su respuesta ante estos acontecimientos son la base para el film de Joe Wright, “Darkest Hour.”

 

 

A partir de la fecha mencionada en el párrafo previo observamos el regreso de Churchill a la arena política; ésta vez al mando del gobierno desde el mismo instante que acepta el cargo por solicitud del Rey, integra su gabinete de guerra y debe enfrentar el asedio nazi contra todas las fuerzas militares británicas acantonadas en Dunquerque, Francia. Además de esto, también observamos la idiosincrasia y excentricidades de Sir Winston, la relación con su esposa y su familia, sus tribulaciones ante la empresa que ha asumido, así como las intrigas en su gabinete y en el Parlamento, y el vínculo tan especial que él tuvo con el pueblo llano, dispuesto a defender su país contra cualquier amenaza, fuese Hitler o cualquier otra fuerza invasora.

 

 

No es la primera vez que Joe Wright asume la dirección de un film de época; ya es un profesional en trasladar a la pantalla períodos históricos desde su adaptación en 2005 de la novela de Jane Austen “Pride & Prejudice”, hasta la aclamada “Atonement” de 2007 (donde hace un guiño a la II Guerra Mundial). Lo que diferencia a “Darkest Hour” del anterior se encuentra en que en este último film no asume el combate en el frente –éste se ve desde la cómoda distancia que aporta la ventanilla de un avión- sino los procesos diplomáticos, políticos y personales que afectan a las personas ante la inminencia de una guerra tan cercana que afecta el sentir colectivo; un material donde Wright se siente en su medio al hacer un trabajo de dirección competente, manteniendo en todo momento el ritmo y el tiempo, logrando plasmar en cámara el sentimiento de los actores y del entorno, generando cercanía en el espectador.

 

 

Esta labor tan competente se logra gracias al guión firmado por Anthony McCarten donde disecciona con precisión milimétrica este período de la historia británica y mundial con un importante equilibrio entre comedia y drama, respetando los sucesos acaecidos. Adicional a lo anterior, la fotografía juega con las figuras en contraluz y los claroscuros acentuados que se observa inclusive en las escenas en exteriores, plenas de una luz gris, mortecina. La edición tiende a ser secuencial, con énfasis en plasmar los hechos tal como sucedieron, sin hacer que el film parezca una clase de Historia. Y la música, lejos de apelar al sentimentalismo barato, apunta hacia una exaltación del espíritu de lucha y determinación del pueblo inglés en su lucha por la victoria.

 

 

En lo actoral, Kristin Scott Thomas hace una representación al calco de Clementine Churchill apegada al personaje real, con sus momentos de alegría y reflexión, como una piedra de apoyo para su esposo ante la importancia del cargo asumido. El Jorge VI representado por Ben Mendelsohn se diferencia de la actuación hecha por Colin Firth del mismo personaje en “The King’s Speech” en que ahora el Rey de Inglaterra debe asumir el mando moral y militar del Imperio ante la amenaza de su destrucción; ahora el Rey es más fuerte, más seguro. Lily James hace de secretaria de Churchill con un registro interesante en la evolución de su trabajo: de insegura al principio, llega a convertirse por las circunstancias en alguien con fuerza y firmeza en sus convicciones. Y Roland Pickup en su papel de Neville Chamberlain simboliza el orden por el mundo previo a la guerra y el fracaso por alcanzar la paz. Por último, y tal como hicimos en su oportunidad con Isabelle Huppert y el film “Elle”, solo tenemos varias palabras en una línea, en negritas y mayúsculas corridas.

 

 

GARY OLDMAN ES ¡FANTÁSTICO! ¡ÚNICO! ¡COMPLEJO! ¡NINGUN ACTOR COMO ÉL! ¡GARY OLDMAN ES SIR WINSTON CHURCHILL!

 

 

“Darkest Hour” se entiende, en definitiva, como un alegato a favor de la lucha por la libertad y la paz ante las tribulaciones del mundo. Un reflejo de cómo una persona puede comportarse ante la mayor de las dificultades. Y un excelso trabajo realizado por Gary Oldman y Joe Wright. Con coraje y determinación, la victoria siempre será alcanzada y la paz reinará por muchos años. ★★★★ y ¾ de un máximo de ★★★★★

 

 

Focus Features presenta en asociación con Perfect World Pictures. Una producción Working Title. Un film de Joe Wright. “Darkest Hour.” Dirigido por Joe Wright. Escrito por Anthony McCarten. Dirección de fotografía por Bruno Delbonnel, A.F.C., A.S.C. Música por Dario Marianelli. Editada por Valerio Bonelli. Diseño de producción por Sarah Greenwood. Diseño de vestuario por Jacqueline Durran. Producción asociada por Katherine Keating. Producción ejecutiva por James Biddle, Liza Chasin y Lucas Webb. Producida por Tim Bevan, Lisa Bruce, Eric Fellner, Anthony McCarten y Douglas Urbanski. Protagonistas: Gary Oldman (Sir Winston Churchill), Kristin Scott Thomas (Clementine Churchill), Ben Mendelsohn (Rey Jorge VI), Lily James (Elizabeth Layton), Ronald Pickup (Neville Chamberlain), Stephen Dillane (Edward Wood, 3er Vizconde de Halifax), Nicholas Jones (John Simon, 1er Vizconde de Simon), Samuel West (Anthony Eden), David Schofield (Clement Attlee), Richard Lumsden (Mayor-General Hastings Ismay), Malcolm Storry (General Sir Edmund Ironside), Hilton McRae (Arthur Greenwood), Benjamin Whitrow (Sir Samuel Hoare) y Joe Armstrong (John Evans). 2017. Duración: 125 minutos.
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Un Desastre Que Se Convierte En Culto

 

Directores de cine buenos ha habido a lo largo de más de 100 años de industria cinematográfica. Maestros de las artes visuales un poco menos, pero siempre están presentes a la hora de evaluar un producto fílmico. Pero por cada grupo grande de realizadores, existe otro mucho más reducido que, bien por consenso general de crítica y público o por ser su trabajo muy por debajo de los estándares de lo bueno o lo excelente, entran en la categoría de malos directores que terminan siendo objeto de culto por ciertas audiencias. Por mencionar 3 tenemos a: Uwe Boll (para muchos un terrorista del cine), Ed Wood (alguien que comparaba su obra con la de Orson Welles y que por años hizo para muchos la peor película de la historia: “Plan 9 From Outer Space”) y quien nos ocupa en esta ocasión: Tommy Wiseau con su film de 2003 “The Room” y que ha sido objeto de disección por parte de James Franco de frente y tras la silla del director en su obra “The Disaster Artist.”

 

 

Las acciones nos llevan en principio al año 1998 cuando se conocen en un teatro Wiseau y Greg Sestero; ambos con aspiraciones actorales influenciados por la primera generación del Actor’s Studio que hizo famosos a Marlon Brando y James Dean. En búsqueda de hacer su sueño común una realidad se mudan a Los Ángeles donde mientras uno termina reclutado por una agencia de talentos con la promesa de papeles en TV y secundarios en filmes, el otro pasa penurias al no encontrar oportunidades. Más en un momento de iluminación, Wiseau calibra que si la industria no le da el chance de estar en películas, él junto con su amigo y una banda de iconoclastas underground, escribirá, producirá, dirigirá y protagonizará su propia producción: “The Room”. En consecuencia, “The Disaster Artist” nos muestra el detrás de cámara de la que para muchos es la “peor película de la historia”, pero que en última instancia se transformó en una obra de culto, y no por las intenciones que tenía en mente Tommy en un principio.

 

 

Hay que recordar que no es la primera vez que James Franco se encuentra con la figura de James Dean; de hecho, su carrera despegó al representarlo en un biopic dirigido por Mark Rydell para la cadena de televisión TNT. Tampoco es su primera experiencia tras la cámara ya que debutó como tal en 2005 con el film “The Ape”, aun cuando se ganó el respeto de la crítica con el trabajo parte ficción, parte documental “Interior. Leather Bar” que es una re imaginación de una escena censurada del film de William Friedkin “Cruising” de 1980. Más en esta ocasión el nivel de dirección que Franco le imprime lo hace destacarse por ser él mismo una suerte de outsider al ser asociado por el público más como un actor que como un director, sobre todo al ser ubicado en esta tendencia de los últimos años de filmes donde destaca la figura del bromance (relaciones fraterno amistosas de personajes de sexo masculino sin tintes sexuales) con similares como Seth Rogen, Michel Cera, Judd Apatow o Jonah Hill. Es precisamente ese espíritu outsider el que abunda en “The Disaster Artist” donde casi en tono reverencial celebra el proceso creador en el cine, sin importar si el resultado final es terrible o excelso; lo que cuenta es que exista, y es eso mismo lo que destaca Franco tras la cámara: creatividad por encima de lo que se acepta como calidad.

 

 

Esta –si se quiere- labor de amor está respaldada por un guión firmado por Scott Neustadter y Michael H. Weber en base a la crónica del proceso de producción de “The Room” escrita por el propio Greg Sestero junto a Tom Bissell, donde se mide a partes iguales la comedia en tono camp del proceso creador de un film cualquiera (no importa que sea una superproducción de millones de dólares o una obra indie de presupuesto limitado; todas tienen sus momentos absurdos) y el drama derivado de la no aceptación de la industria por lo diferente, lo único que Tommy Wiseau tiene como personaje. La dirección de fotografía capta con una cámara en clave natural el entorno detrás de una película, sus detalles, el día a día, así como el universo personal de cada protagonista, sus tribulaciones, sus aspiraciones. La edición tiende a ser lineal, sin sobresaltos, en clave cronológica desde el día 1 hasta el día del estreno del film. Y lo musical viene dado por una banda sonora que va de los 80 a los 90 con soltura y gracia, desde Rick Astley a Corona.

 

 

Dave Franco hace un Greg Sestero pleno de aspiraciones y deseos por convertirse en una gran estrella, si bien no sea del modo como él soñaría. James Franco asume el rol de Tommy Wiseau rayando entre la caricatura y la realidad, exponiendo un universo pleno de matices si bien nadie conoce su historia de vida. Seth Rogen pasa de supervisor de guión a director de facto del film con una aspiración en ser un Alfred Hitchcock del nuevo milenio; el detalle está en si lo es. Ari Graynor representa a una de las actrices de “The Room” en principio como la visión de ese papel que la catapulte a la fama para luego darse cuenta que lo puede ser bajo otra óptica. Y Josh Hutcherson retrata a alguien que como muchos, aspira a ser como Sestero: un gran actor, en una producción “peculiar.”

 

 

En última instancia, “The Disaster Artist” se convierte en un ejercicio de creación de una obra que puede ser la peor para muchos, pero una maravilla para otros. Un ejemplo que entre gustos y colores no han escrito los autores. Y una gran producción de James Franco tras la silla del director. Al final, no todos los desastres son malos. ★★★★ y ½ de un máximo de ★★★★★

 

 

Nota importante: Les recomendamos quedarse hasta el último crédito del film, ya que hay una escena post créditos importante y divertida.

 

 

A24 y New Line Cinema presentan en asociación con Good Universe. Una producción Point Grey/Ramona Films. Un film de James Franco. “The Disaster Artist.” Dirigida por James Franco. Escrita por Scott Neustadter y Michael H. Weber. Basada en el libro “The Disaster Artist: My Life Inside The Room, the Greatest Bad Movie Ever Made” escrito por Greg Sestero y Tom Bissell. Dirección de fotografía por Brandon Trost. Música original por Dave Porter. Editada por Stacey Schroeder. Diseño de producción por Chris L. Spellman. Reparto por Rich Delia, C.S.A. Diseño de vestuario por Brenda Abbandandolo. Producción ejecutiva por Richard Brener , Michael Disco, Joe Drake, Toby Emmerich, Nathan Kahane, Kelli Konop, Roy Lee, Alexandria McAtee, John Powers Middleton, Dave Neustadter, Scott Neustadter, Hans Ritter, Michael H. Weber y Erin Westerman. Producida por James Franco, Evan Goldberg, Vince Jolivette y Seth Rogen. Protagonistas: Dave Franco (Greg Sestero/”Mark”), James Franco (Tommy Wiseau/”Johnny”), Seth Rogen (Sandy Schklair), Ari Graynor (Juliette Danielle/”Lisa”), Josh Hutcherson (Philip Haldiman/”Denny”), Jacki Weaver (Carolyn Minnott/”Claudette”), Alison Brie (Amber), Megan Mullally (Sra. Sestero), Hannibal Buress (Bill Meurer), Jason Mantzoukas (Peter Anway), Paul Scheer (Raphael Smadja), Sharon Stone (Iris Burton), Melanie Griffith (Jean Shelton), Zac Efron (Dan Janjigian/”Chris-R”), Andrew Santino (Scott Holmes/”Mike”), June Diane Raphael (Robyn Paris/”Michelle”) y Nathan Fielder (Kyle Vogt/”Peter”). 2017. Duración: 104 minutos.

¿Qué Forma Tiene El Agua?

 

Muchas personas en su día a día, alrededor del mundo se sienten como peces fuera del agua; no se adaptan al entorno y son en muchos casos, catalogados como fenómenos solo por el hecho de ser diferentes. Pero lo que el resto no distingue de estos seres especiales es que con todo y sus particularidades, en el fondo son iguales a nosotros y muchos son más humanos que los que dominamos la Tierra. Esta conclusión es a la que uno llega luego de haber presenciado esa preciosidad de película llamada “The Shape Of Water” del extraordinario director Guillermo Del Toro.

 

 

Las acciones nos llevan a la Norteamérica de comienzos de la década de 1960, con un John F. Kennedy empezando su mandato y en pleno auge de la Guerra Fría de este país contra su archienemigo la Unión Soviética. En estas encontramos a Elisa, empleada de limpieza en un laboratorio secreto del gobierno en la línea de fuego de este gélido conflicto con todo y sus espías soviéticos y agentes de seguridad como poster boys del “american way of life”, pero con actitudes miserables. Lo que hace a Elisa diferente es el hecho de ser muda –que no equivale a ser sorda- y que se comunica por lenguaje de señas, si bien su existencia tiende a ser repetitiva, monótona y solitaria, aun siendo amiga de su vecino, artista frustrado que trabaja en publicidad y fanático de filmes musicales. Esta rutina se ve alterada cuando llevan al laboratorio un ser anfibio de tamaño humano, cruce de sapo con garras y pez con aletas para ser sometido a pruebas que lleven a la creación de futuras armas contra el enemigo. Eventualmente ambos personajes se encontrarán y crearán un vínculo que traspasará más allá de la palabra hablada para ubicarse en un lenguaje que apunta al sentimiento antes que a la diferencia, a la emoción más que a la razón.

 

 

Una prueba fundamental que un film y un director nos convencen con su trabajo es si éste logra que en los primeros minutos de su obra nos atrape, bien sea con un argumento interesante o con una puesta en escena que sea desafiante a la convención. Esto sin duda es un sello de fábrica de Guillermo Del Toro con sus filmes, desde producciones como “Cronos” y “Hellboy” hasta OBRAS MAESTRAS como “El Laberinto Del Fauno”. Proceso que repite en “The Shape Of Water” donde crea una de las secuencias iniciales más preciosistas del cine actual, estética que desarrolla durante todo el transcurso del film y demostrando en el proceso que es un director de cine puro al nivel de un Federico Fellini, un Ingmar Bergman, un Satyajit Ray o un Orson Welles; a este nivel ubicamos (y ubicaremos de ahora en adelante) a este director mexicano.

 

 

Este trabajo de arte y de amor viene dado por un guión firmado por el propio Del Toro –basado en una historia creada por él- junto a Vanessa Taylor quienes crean un texto que es sentimental sin caer en lo sensiblero, atrapante desde el primer instante y sobre todo redondo sin dejar cabo suelto; con un material así cualquier director de cine puede lucirse y si el mismo es bueno, destacarse. Adicional a esto, la fotografía a cargo de Dan Laustsen con claras influencias de maestros como Gordon Willis y una estética retro futurista hacen que los fotogramas tengan ese aspecto a filmes del pasado que bordea lo lírico, lo nostálgico. El trabajo de edición consigue que las acciones, por muy repetitivas que puedan estar plasmadas en el texto, sean dinámicas y que los momentos de tensión dramática consigan mantener atrapado al espectador. Y lo musical a cargo de Alexandre Desplat genera desde el primer instante conexión emocional con temas que despiertan toda clase de sentimientos.

 

 

Todo lo anterior no sería posible sin la labor de excelentes actores. Sally Hawkins no articula palabra hablada durante todo el film, pero hace que su expresión facial y su gestualidad digan más que cientos o miles de parlamentos; eso es actuar. Octavia Spencer en su rol de Zelda (compañera de trabajo de Sally) hace de colchón emocional ante la aparente incomunicación de Sally con el resto del mundo, misma labor que logra con su actuación Richard Jenkins en su papel de Giles. Michael Shannon como el agente del gobierno logra dar con ese tipo de personaje duro, inflexible, apegado a las normas y protocolos que, si bien tiene una vida privada “completa”, en el fondo su labor solapa todo, haciendo que su existencia sea, al final, vacía. Michael Stuhlbarg como el científico Robert Hoffstetler aporta formalismo a su papel, si bien en el fondo oculta una doble identidad. Y aun cuando –al igual que Sally Hawkins- no menciona ni una sola oración durante la película, Doug Jones en su rol de anfibio transmite más humanidad que aquellos que se hacen llamar como tal; eso es actuar.

 

 

En última instancia, “The Shape Of Water” de Guillermo Del Toro es –como “El Laberinto Del Fauno”- un cuento de hadas en clave contemporánea que, como todos estos relatos, tiene una moraleja: ser diferente está bien, ser diferente es el deber ser, ser diferente es ser humano. El agua tiene una forma. Y es hermosa. ES UN CLÁSICO. NO TIENE CLASIFICACIÓN.

 

 

Fox Searchlight Pictures presenta. Una producción Double Dare You. Un film de Guillermo Del Toro. “The Shape Of Water.” Dirigida por Guillermo Del Toro. Guión por Guillermo Del Toro y Vanessa Taylor. Basado en una historia creada por Guillermo Del Toro. Dirección de fotografía por Dan Laustsen, D.F.F. Música por Alexandre Desplat. Editada por Sidney Wolinsky, A.C.E. Diseño de producción por Paul D. Austerberry. Reparto por Robin D. Cook. Dirección de arte por Nigel Churcher. Diseño de vestuario por Luis Sequeira. Producción asociada por Daniel Kraus. Producción ejecutiva por Liz Sayre. Producida por Guillermo Del Toro, P.G.A. y J. Miles Dale, P.G.A. Protagonistas: Sally Hawkins (Elisa Esposito), Octavia Spencer (Zelda Fuller), Michael Shannon (Richard Strickland), Doug Jones (Hombre Anfibio), Richard Jenkins (Giles), Michael Stuhlbarg (Dr. Robert Hoffstetler), David Hewlett (Fleming) y Nick Searcy (General Hoyt). 2017. Duración: 123 minutos.

La Fuerza Se Debilita… Y Regresa

 

Cuando hace exactamente 2 años reseñamos “Star Wars – Episode VII: The Force Awakens” en ese instante hablaba más el fan de la saga que el crítico de cine como tal; esto se debía a la pausa de 10 años que hubo entre el final de la precuela dirigida por George Lucas y el entonces reciente episodio dirigido por J. J. Abrams, y al hecho de volver a ver en pantalla en sus personajes emblemáticos a Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher, amén de la extraordinaria sorpresa que fue ver a Daisy Ridley en su rol de Rey; incluso le dimos una clasificación alta al film en general. Más pasado el tiempo y el haberlo visto dos veces en dos días seguidos –una de ellas en 3D-, salvando ciertas escenas puntuales, el film como un todo no nos generaba la misma conexión emocional que sí tuvo la saga entre 1977 y 1983 al punto que todavía nos emociona al punto de las lágrimas ver el Millennium Falcon disparando a la nave de Darth Vader antes que Luke Skywalker destruya la Estrella de la Muerte. Así sería que ni siquiera tenemos el film en formato Blu-Ray, DVD o cualquier otro soporte por el motivo antes mencionado; el Episodio VII lo sentimos como una film más dentro de una gran saga. Algo de esa sensación la tuvimos al observar en esta ocasión “Star Wars – Episode VIII: The Last Jedi.”

 

 

Ahora, las acciones se ubican en dos planos: en primer lugar el espacio, donde la Resistencia a las ordenes de la Princesa Leia se enfrenta a un ataque sin cuartel infringido por el Primer Orden bajo el mando supremo del Líder Supremo Snoke y sus subalternos Kylo Ren y el General Hux, y del cual las fuerzas rebeldes deben escapar si no quieren ser derrotadas y diezmadas; y en segundo lugar la isla en el planeta Ahch-To, donde Rey, Chewbacca y R2-D2 llegaron para convencer a Luke Skywalker de unirse a la rebelión contra el Primer Orden antes que sea destruida, además de entrenar en menor escala a Rey en las artes de La Fuerza, misma que ella posee en alto grado y que podría cambiar el curso de los acontecimientos actuales y futuros. Eventualmente ella deberá enfrentarse a la Luz y al Lado Oscuro en partes iguales.

 

 

En su oportunidad dijimos que J. J. Abrams había impreso frescura al material fílmico cuando se comparaba con lo que fue la precuela, más lo cierto es que su trabajo de dirección visto al paso del tiempo termina por ser sub par. Esta afirmación no puede aplicarse en esta oportunidad a la labor de Rian Johnson que, si bien tiene ciertos momentos que no son precisamente magnos, aplicando un balance general hace un trabajo competente tras la silla del director, si se quiere superior a lo que fue el Episodio VII. Lo anterior viene de la mano del guión firmado por el propio Johnson del cual hay momentos que emocionan, sorprenden y algunas frases son para reflexionar, mientras que hay otros donde la trama se hace predecible, no hay sorpresas y lejos de ser emocionante resulta si se quiere, conocido, ya visto en los episodios previos.

 

 

No obstante lo anterior, la fotografía está muy bien lograda, particularmente en las escenas de la isla, en el espacio y en la nave del Líder Supremo Snoke donde se desarrolla un enfrentamiento que recuerda a “Star Wars – Episode VI: Return Of The Jedi”, pero con una composición visual en colores fuertes que es uno de los logros artísticos del film y en donde los personajes, lejos de verse sumergidos por la saturación de color, resaltan del entorno; esto, sumado a los efectos visuales que siguen la pauta iniciada en el film anterior resulta en lo más destacado del film . La edición resulta lineal, con las tradicionales transiciones propias de la saga, con el equilibrio justo entre acción y emoción. Y como es costumbre la música de John Williams remite a momentos pasados, lo cual nos pone en la duda de si esto es bueno o no, ante la ausencia de temas musicales nuevos que le den personalidad propia a esta nueva serie de filmes.

 

 

Ya saben cuál es nuestra reacción al ver a Mark Hamill y a Carrie Fisher en sus roles eternos, pero en especial con esta actriz quien hace su última actuación antes de fallecer precisamente hace 1 año, con lo cual nos mueve la nostalgia y la tristeza de no volver a ver en pantalla a la eterna Princesa Leia. En cuanto al resto de actores (Adam Driver, Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Lupita Nyong’o, Andy Serkis y Domhall Gleeson) repiten sus roles del film anterior, destacando como ya hemos dicho Ridley en su papel de Rey. Pero en esta oportunidad se destacan Laura Dern en su papel de Amilyn Holdo, Vicealmirante y segunda al mando después de Leia, quien lleva su papel con soltura comedida, por efecto del guión; tal vez con otro texto habría resaltado mucho más. Kelly Marie Tran como Rose Tico cumple más con ser un comic relief que un personaje con dimensión dramática, y cumple en esta oportunidad con la deuda que tenían los filmes previos ante ciertas audiencias que los acusaban de ser todos sus protagonistas blancos, sin diversidad de razas o género, aun cuando eso se rompió en 1980 con “Star Wars – Episode V: The Empire Strikes Back” y el personaje de Lando Carlissian interpretado entonces por Billy Dee Williams. Benicio del Toro en su papel de DJ viene a ser un mercenario a lo Han Solo, pero con menos carisma que le imprimió Harrison Ford a su personaje. Un detalle importante antes de cerrar este párrafo: este film marca la primera vez que Peter Mayhew no hace su clásico papel de Chewbacca; este le fue asignado a Joonas Suotamo.

 

 

Star Wars – Episode VIII: The Last Jedi” viene a ser una evolución natural de lo mostrado en el capítulo previo, además de un trabajo competente por parte de Rian Johnson. Que sea un film que genere una conexión emocional o no es algo que solo el tiempo lo dirá, pero lo cierto es que es necesario darle menos alas a la producción en masa de películas por cumplir un compromiso de contrato y sí más apoyo a la creatividad y a la innovación en todas los blockbusters; especialmente a esta saga fundacional del cine tal como lo conocemos en la actualidad. Por eso, y citando el título de esta reseña, La Fuerza está débil… pero con imaginación y pasión puede regresar y resurgir. ★★★ y ¾ de un máximo de ★★★★★

 

 

Lucasfilm Ltd presenta. Un film de Rian Johnson. “Star Wars – Episode VIII: The Last Jedi.” Escrita y dirigida por Rian Johnson. Basada en personajes y en la historia creada por George Lucas. Dirección de fotografía por Steve Yedlin, A.S.C. Música por John Williams. Editada por Bob Ducsay. Diseño de producción por Rick Heinrichs. Efectos visuales y animación por Industrial Light & Magic. Diseño de vestuario por Michael Kaplan. Producción ejecutiva por J.J. Abrams, P.G.A., Tom Kaenowski y Jason McGatlin. Producida por Kathleen Kennedy, P.G.A. y Bryan BurRam Bergman, P.G.A. Protagonistas: Mark Hamill (Luke Skywalker), Carrie Fisher (Princesa Leia Organa), Adam Driver (Kylo Ren), Daisy Ridley (Rey), John Boyega (Finn), Oscar Isaac (Poe Dameron), Lupita Nyong’o (Maz Kanata), Andy Serkis (Líder Supremo Snoke), Domhall Gleeson (General Hux), Anthony Daniels (C-3PO), Gwendoline Christie (Capitán Phasma), Kelly Marie Tran (Rose Tico), Joonas Suotamo (Chewbacca), Warwick Davis (Wodibin), Laura Dern (Vicealmirante Amilyn Holdo) y Benicio Del Toro (DJ). 2017. Duración: 152 minutos.

Mi Liga. Tu Liga. Nuestra Liga.

 

Oficialmente el Detective Comics Extended Universe o DCEU comenzó en el año 2013 con el lanzamiento de “Man Of Steel”, algo tarde considerando que su archirrival Marvel inició su Cinematic Universe en 2008 con la primera de las aventuras de “Iron Man.” El motivo por el cual esta unión de superhéroes tardó tanto en llegar a la gran pantalla radica en muchos motivos, pero el principal corresponde a que se ha cambiado constantemente de directores. Desde 2002 cuando Wolfgang Petersen fue contratado para hacer un film de Batman versus Superman, hasta el proyecto de Liga de la Justicia que iba a ser dirigido por George Miller, siendo éste también cancelado por los fracasos en evitar aumentos de impuestos de filmarse en Australia, además de la huelga de guionistas de 2007 y 2008 que paralizó cualquier avance sobre desarrollo de guión, sin contar el desarrollo de la historia paralela creada en los 80 por Frank Miller, “The Dark Knight” que se tradujo en 3 filmes dirigidos por Christopher Nolan y estelarizados por Christian Bale; uno de ellos una OBRA MAESTRA del cine: el segundo de la tríada con LA ACTUACIÓN de Heath Ledger como The Joker, para no ahondar en lo desastrosa que fue como película “Green Lantern”. Todo lo anterior conspiró en buena medida para que esta fraternidad de superhéroes tardara en aparecer en las pantallas de cine, al tiempo que Marvel abría su propio estudio de cine en asociación con Walt Disney y llevaba a la gran pantalla “Marvel’s Avengers” y “Spider-Man Homecoming” por citar dos títulos recientes. No obstante, los resultados por parte de DC han sido irregulares. Si bien “Batman v Superman: Dawn of Justice” y “Suicide Squad” fueron destrozadas por la crítica, al final tuvieron un desempeño estelar en taquilla; todo lo contrario de “Wonder Woman” que obtuvo reconocimiento favorable tanto de cronistas como de público. Pero estos filmes previos fueron el abreboca -mediante la aparición de cameos de otros héroes y desarrollos argumentales- para lo que muchos estábamos esperando: un film definitivo de “Justice League”, dirigido por Zack Snyder.

 

 

Siguiendo la línea de tiempo establecida en “Batman v Superman: Dawn of Justice”, el mundo se enfrenta a la desaparición física de Superman, hecho éste que hace que la delincuencia haga de las suyas y que sea detenida por Batman y Wonder Woman, cada uno con un sentimiento de culpa ante la muerte del Hombre de Acero. Esto, más el regreso de Steppenwolf, un elemento del pasado que fue controlado por amazonas, atlantes y humanos y cuya fuerza radicaba en 3 cubos de energía, termina por hacer necesario (a los ojos de Bruce Wayne) el crear una cofradía de superhéroes que pueda hacer frente a este o a cualquier fuerza del mal, reclutando en el proceso a The Flash, a Aquaman y a Cyborg, además de traer de vuelta al amigo desaparecido.

 

 

Tradicionalmente el estilo de dirección de Zack Snyder ha sido serio, desde sus obras maestras “300” y la incomprendida “Watchmen” –todo un alarde de oscuridad creado por Alan Moore en comic–, pasando por “Man Of Steel”, hasta llegar a “Batman v Superman: Dawn of Justice”. Y fue precisamente con este último donde la mayor parte de las iras de la crítica se enfilaron al tratar de hacer un film serio de superhéroes teniendo un guión tan débil. Es por ello que en “Justice League” Snyder cambia de tono, siendo en esta ocasión más relajado y jocoso en cuanto a dirigir secuencias de acción y menos formal en cuanto a reflejar estados de ánimo de los personajes; a decir verdad, en esta producción estos momentos son destacados, pero escasos. Pero sigue manteniendo su sello personal en cuanto a dirigir escenas de acción, mezclando ralentizado con zoom ins y pan outs.

 

 

Este giro de tempo en la dirección viene dado por el guión firmado por Chris Terrio y un ex integrante del Marvel Cinematic Universe: Josh Whedon. Particularmente en el caso de Whedon parece que por momentos lo que logró en “Marvel’s Avengers” y “Marvel’s Avengers: Age Of Ultron”, lo traslada al calco en “Justice League”, haciendo que para algunos se vea como si DC copiara a Marvel en cuanto a gags cómicos. No obstante y esto es de reconocerse para el caso de los superhéroes nuevos, el guión le da su tiempo de desarrollo en el marco del film, evitando que el espectador que no sea fan de los comics se encuentre perdido ante tantas referencias de texto, de imágenes o de personajes.

 

 

En esta oportunidad el trabajo de fotografía es destacable por el uso de colores “lavados”; es decir, los colores en vez de verse vivos o vibrantes, se aprecian como si hubiese un filtro blanco en ellos (no es un detalle de la proyección), haciendo que el movimiento sobresalga del panorama. Los efectos visuales son convencionales para este tipo de producción, sin destellos de grandiosidad. La edición mantiene en línea el ritmo del guión, llevando con equilibrio acción con reposos. Y lo musical viene dado por Danny Elfman quien rescata su tema principal que creó para el Batman de Tim Burton, junto con matices sonoros más oscuros aunque sin llegar a los registros dark de “Batman Returns”, más un guiño al eterno tema de Superman creado por el GRAN John Williams.

 

 

Si bien Ben Affleck sigue sin ser de nuestro agrado cuando lo comparamos con el Bruce Wayne/Batman que creó Christan Bale, sí reconocemos que su representación del murciélago enmascarado es solvente y adecuada para el universo que se está creando. En el pasado mencionamos que Henry Cavill hace un Superman que es “más centrado en el personaje que en parecer un actor que hace un personaje”; esta afirmación la reafirmamos en esta oportunidad. No pudimos ver en su momento “Wonder Woman” por causas totalmente ajenas a nuestra voluntad, por lo que es hasta ahora que nos pudimos dar gusto con lo EXCELENTE actriz que es Gal Gadot, quien hace una Wonder Woman equiparable a la creada en televisión en la década de los 70 por Lynda Carter, creado una asociación entre ella y el personaje que sin duda será indeleble. Ezra Miller hace un Flash más cercano a la reciente encarnación de Spider-Man que al personaje de la actual serie de televisión; no está mal, pero el parecido con el personaje de Marvel, así como con Quicksilver del universo de los X-Men no le hace mucho favor. Jason Momoa logra por fin quitarnos la imagen mental del Aquaman rubio platinado para dar con un personaje más étnico, con más profundidad en términos de origen y motivación del superhéroe. Ray Fisher hace un Cyborg menos violento y sí más reflexivo, incluso en las secuencias de pura acción donde logra dar un registro interesante. Y Diane Lane, Amy Adams, Jeremy Irons, Connie Nielsen, J.K. Simmons y Cirán Hinds como la voz de Steppenwolf, aportan su experiencia actoral para lograr la fusión de los filmes previos y en el camino crear algo no nuevo, pero sí diferente.

 

 

Justice League” viene en definitiva a ser un arranque definitivo y total del DC Extended Universe que todos los fans estaban esperando por años, por ende, este film está destinado a ellos, aunque igual los no iniciados también pueden verlo sin sentirse alejados de este mundo de buenos, malos, superhéroes, personas comunes y acción, mucha acción. Un nuevo universo ha empezado. ★★★★ de un máximo de ★★★★★

 

 

Nota importante: Quédense hasta el último crédito del film porque hay no una, sino dos escenas post créditos; la segunda muy reveladora de lo que vendrá a continuación.

 

 

Warner Bros. Pictures presenta en asociación con DC Comics. Una producción Atlas Entertainment/Cruel & Unusual Films. Un film de Zack Snyder. “Justice League.” Dirigida por Zack Snyder. Escrita por Chris Terrio y Josh Whedon. Basada en una historia creada por Chris Terrio y Zack Snyder e inspirada en los personajes creados por Jerry Siegel, Joe Shuster, Bob Kane, Bill Finger, y William Moulton Marston; en “Fourth World” creado por Jack Kirby y en “Justice League Of America” creado por Gardner Fox. Dirección de fotografía por Fabian Wagner. Música por Danny Elfman. Editada por David Brenner, A.C.E., Richard Pearson y Martin Walsh. Diseño de producción por Patrick Tatopoulos. Decorados por Dominic Capon. Vestuario por Michael Wilkinson. Reparto por Kristy Carlson, Lora Kennedy y Kate Ringsell. Co-producida por Marianne Jenkins y Gregor Wilson. Producción asociada por Madison Weireter y Andrea Wertheim. Producción ejecutiva por Ben Affleck, Wesley Coller, Daniel S. Kaminsky, Curtis Kanemoto, Benjamin Melniker, Christopher Nolan, Chris Terrio, Emma Thomas y Michael E. Uslan. Producida por Geoff Johns, Charles Roven y Deborah Snyder. Protagonistas: Ben Affleck (Bruce Wayne/Batman), Henry Cavill (Clark Kent/Superman), Gal Gadot (Diana Prince/Wonder Woman), Jason Momoa (Arthur Curry/Aquaman), Ezra Miller (Barry Allen/The Flash), Ray Fisher (Victor Stone/Cyborg), Amy Adams (Lois Lane), Jeremy Irons (Alfred Pennyworth), Diane Lane (Martha Kent), Connie Nielsen (Reina Hippolyta), J. K. Simmons (Comisionado James Gordon), Cirán Hinds (Steppenwolf), Amber Heard (Mera), Joe Morton (Silas Stone), David Thewlis (Ares), Billy Crudup (Henry Allen) y Jesse Eisenberg (Lex Luthor). 2017. Duración: 120 minutos.

Síndrome De Estocolmo A La Francesa

 

Hagamos un recuento histórico. El 23 de agosto de 1973, el asaltante Jan Erik Olsson intentó robar el Banco de Crédito de Estocolmo, Suecia. En el suceso tomó como rehenes a cuatro empleados del banco cuando se sintió acorralado. Dentro de sus exigencias estaba que liberaran a Clark Olofsson, un criminal bajo condena. Aun cuando la policía amenazaba con matarle, los rehenes -3 mujeres y 1 hombre- con todo y que llevaban sogas alrededor de sus cuellos, terminaron protegiendo al captor para evitar ser atacados por la policía. Durante su cautiverio, una de las rehenes mencionó: “No me asusta Clark ni su compañero; me asusta la policía”. Luego de ser liberados, Kristin Enmark, otra de las rehenes, declaró: “Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él”. El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto acuñó el término de Síndrome de Estocolmo para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio, más cercana a la complicidad y al afecto que al miedo o la venganza. Mucha de esta reacción psicológica se observa en “Elle”, lo nuevo del director Paul Verhoeven.

 

 

En el film tenemos como protagonista a Michèle, una mujer de edad madura muy organizada en su vida laboral como propietaria de una empresa creadora de videojuegos y en su día a día, tanto en las relaciones con sus padres –nada normales y con una pesada sombra sobre estas– como en su ex esposo, su hijo, su nuera y uno que otro amante. Esta dinámica se rompe desde el principio de la obra al ser víctima de una violación, para luego decantar en una investigación personal que acomete con la finalidad de descubrir la identidad del violador, labor que la lleva a un enfrentamiento entre lo mal de la situación y la atracción y empatía que en algún momento contrae con su atacante.

 

 

Si bien es la primera vez que Paul Verhoeven realiza un film en Francia dado su origen holandés, no es la primera que aborda estos temas donde se encuentran la venganza, las situaciones extremas o las confrontaciones entre los hechos y las consecuencias. Desde su gran debut en Hollywood con “RoboCop” en 1987, pasando por una de sus obras más intimistas con todo y que es ciencia-ficción: “Total Recall” de 1990, llegando a la polémica con uno de los thrillers más explícitos del cine: “Basic Instinct” de 1992, hasta llegar al ostracismo consecuencia de haber hecho uno de los peores filmes de todos los tiempos en 1995: “ShowGirls”, el cine de este realizador ha gravitado en los temas antes mencionados, por lo que la temática abordad en el trabajo realizado en esta ocasión no le es extraño; todo lo contrario. “Elle” demuestra que en situaciones extremas, hace una labor magistral de manejo del tiempo fílmico entre flashbacks, linealidad, modificación de hechos para mostrar otras visiones, otras perspectivas, todo ello dentro del mismo film. Lejos de ser sensacionalista, Paul Verhoeven viene a ser realista in extremis.

 

 

Esta visión de los hechos tan enmarcada en la realidad viene de la mano de un guión firmado por David Birke y Harold Manning con base en la novela “Oh…” de Philippe Djian, donde juega con el odio, la violencia, la venganza y la atracción a partes iguales, todo dentro de un equilibrio si se quiere perverso que juega con el espectador en hacerle sentir una gama de emociones para luego cambiarlas de golpe. El trabajo fotográfico gravita hacia los tonos fríos, grises, propios de un invierno parisino, también como elemento para reflejar el sentimiento de ruptura de cotidianidad que alguna vez existió en el entorno del personaje protagonista. La edición cumple con esta visión al ir a flashbacks y situaciones alternativas con naturalidad y sin sobresaltos, casi colocándose en la mente del espectador. Y lo musical va desde temas severos sin truculencias hasta temas de Iggy Pop.

 

 

En lo actoral, Laurent Lafitte como Patrick, viene a ser el vecino agradable y atractivo de Michèle, aun cuando su personaje oculte algo que a primera vista no se aprecia. Anne Consigny como Anna transmite empatía con naturalidad y soltura. Christian Berkel en su rol de Robert, amante de Michèle, logra dar el aspecto de hombre utilitario solo para el sexo y ya. Virginie Efira consigue con Rebecca, esposa de Patrick, dar la imagen de ser noble e inocente al extremo de no saber que hay en sus propias narices. Charles Berling hace Richard Casamayou, ex esposo de Michèle, hombre frustrado y tan lleno de inseguridades que el espectador entiende con ella el por qué se separó de él. Alice Isaaz como Josie, nuera de Michèle, logra ser de intolerante a simplemente ser insoportable. Judith Magre como Irène Leblanc, madre de Michèle, se hace “querer” (en sentido figurado) por ella. Jonas Bloquet es su rol de Vincent, hijo de Michèle, raya -al igual que Rebecca- en lo inocente acerca de su relación con Josie. Pero hemos estado hablando de la mayoría de los actores; no de Isabelle Huppert. Para ella y su personaje de Michèle Leblanc, sólo tenemos varias palabras en una línea, en negritas y mayúsculas corridas.

 

¡FANTÁSTICA! ¡ÚNICA! ¡COMPLEJA! ¡NINGUNA ACTRIZ COMO ELLA!

 

 

En síntesis, “Elle” viene a ser una disección interesante del alma humana a partir de un suceso violento; como éste nos afecta en nuestro día a día; como en vez de disminuirnos nos empodera; como lo extremo nos atrae; y por sobre todo, es uno de los mejores –sino el mejor– filmes de Isabelle Huppert y de Paul Verhoeven. El Síndrome de Estocolmo no es una letra muerta en un texto de Psicología. Es algo que sucede más de lo que creemos. ★★★★★ de un máximo de ★★★★★

 

 

Sony Pictures Classics presenta. Una coproducción franco-alemana SBS Productions, Twenty Twenty Vision Filmproduktion y France 2 Cinema en coproducción con Entre Chien Et Loup y Proximus, con la participación de Canal +, France Télévisions, OCS, del Centre National Du Cinema Et De L’Image Animée y del German Federal Film Borad. Un film de Paul Verhoeven. “Elle.” Dirigido por Paul Verhoeven. Escrito por David Birke y Harold Manning. Basado en la novela “Oh…” escrita por Philippe Djian. Dirección de fotografía por Stéphane Fontaine, A.F.C. Música por Anne Dudley. Editada por Job ter Burg. Reparto por Constance Demontoy. Diseño de producción por Laurent Ott. Diseño de vestuario por Nathalie Raoul. Asistencia de producción por Sarah Borch-Jacobsen y Kevin Chneiweiss. Co-producido por Sébastien Delloye, Diana Elbaum, Thanassis Karathanos y François Touwaide. Producido por Saïd Ben Saïd y Michel Merkt. Protagonistas: Isabelle Huppert (Michèle Leblanc), Laurent Lafitte (Patrick), Anne Consigny (Anna), Christian Berkel (Robert), Virginie Efira Rebecca), Charles Berling (Richard Casamayou), Alice Isaaz (Josie), Judith Magre (Irène Leblanc), Vimala Pons (Hélène), Jonas Bloquet (Vincent), Lucas Prisor (Kurt), Arthur Mazet (Kevin) y Raphaël Lenglet (Ralph). 2016. Duración: 130 minutos.

¿Qué Tan Humano Puede Ser Un Robot?

Desde que en la década de los 50 del siglo XX el escritor de ciencia-ficción Isaac Asimov postuló las 3 leyes de la robótica como manifiesto y en su novela “I, Robot”, ha sido una constante en las artes de corte futurista la relación existente entre hombres y máquinas. Sin embargo, algo que el propio escritor no anticipó fue la posibilidad de que una creación humana formada a imagen y semejanza nuestra pudiera contener en su interior emociones; hecho que logró primero Philip K. Dick con su clásica novela “Do Android Dream With Electric Sheep?”, luego al adaptar este texto Ridley Scott y convertirlo en uno de los filmes más importantes de la historia del cine: “Blade Runner” en 1982 (en mayo de este año se cumplirán 35 años desde su estreno) y en 1989 con la publicación en Japón primero en manga bajo la autoría de Masamune Shirow y 6 años después en animé de “Kōkaku Kidōtai”, o como se conoce desde entonces, “Ghost In The Shell”, film dirigido por Mamoru Oshii. Desde su aparición ha sido uno de los trabajos más aclamados del género por su estética, su trama y sobre todo sus referentes que van desde el propio film de Scott hasta basamentos filosóficos tomados de Kant, Hegel, Descartes o Schopenhauer; toda una obra maestra. Era cuestión de tiempo para que fuese adaptada a una versión con actores de carne y hueso, generando como resultado y en la onda actual de revisitar éxitos o formatos fílmicos del pasado, un remake occidentalizado para “Ghost In The Shell.”

 

La trama, para aquellos que vimos el animé original como para los que no lo han visto, no amerita mucha complicación: luego de una Tercera Guerra Mundial en el año 2029, Japón se convierte en una superpotencia amenazada por una nueva guerra donde las armas son la alta tecnología y el terrorismo cibernético. En este contexto se encuentra Major o Motoko Kusanagi, una heroína cyborg salvo por su cerebro y su médula, con un pasado oculto que debe descubrir. Bajo esta premisa, Major lucha en una división policial de nombre Sección 9 contra ataques de cyberterroristas orquestados por una entidad de nombre Kuze. Y es en esta cacería contra este ente que Major empieza a plantearse su origen, su propósito y su razón de ser, en pocas palabras, empieza a descubrir su humanidad.

 

 

Este material tan complejo amerita un director de alto vuelo especializado en el género, labor que en esta oportunidad recayó en el “novato” Rupert Sanders, conocido por dirigir en 2010 “Black Hole” y en 2012 “Snow White And The Huntsman.” Cuando decimos novato nos referimos a su corta experiencia como realizador y cuando mencionamos director de alto vuelo, es porque “Ghost In The Shell” (el remake) merecía un autor más especializado en el género. No estamos diciendo con esto que Sanders hizo un mal trabajo de dirección, pero sí sentimos que le faltó un poco más de audacia y de compromiso tras la silla de mando. En algunas escenas recreó el animé cuadro a cuadro; en otras modificó el desarrollo de los hechos.

 

 

Quizás el factor que hace que la dirección no llegue a niveles estelares recae principalmente en la adaptación del guión que, en aras de llegar a una audiencia masiva, se decantó más por ser un thriller policial futurista que por las implicaciones filosóficas, antropológicas y si se quiere, religiosas que existen tanto en el manga como en el animé. Por ello, para los que vieron el trabajo de 1995, esta versión de “Ghost In The Shell” podrá parecerles “sacrílega” por momentos y en comparación; para el espectador novel pasa por un film de buenos y malos cibernéticos (nota: nos ubicamos del lado de los primeros). Más sin embargo es de reconocer el buen trabajo de efectos especiales, dirección de arte, diseño de producción y fotografía que recrean con precisión el material original, particularmente en las tomas cenitales y de planos abiertos en perspectiva que crean el entorno en la mente del espectador. El trabajo de edición, influenciado por las Wachowski, hace que el film sea dinámico, inclusive en las secuencias donde no hay mucho movimiento y sí un poco más de introspección. Y lo musical viene por un soundtrack más cercano a la musicalidad tecno europea de Jean Michel-Jarré que a las armonías búlgaras y notas japonesas tradicionales del film original cuya música fue hecha por Kenji Kawai.

 

 

Ha causado mucha polémica que el personaje protagónico fuese para la actriz Scarlett Johansson que para una intérprete oriental o japonesa. En este caso consideramos que la labor de Johansson fue muy buena, al transmitir las dualidades del personaje sobre su origen, su propósito y su misión de vida, si bien y como ya mencionamos, se tratan estos temas más en forma melodramática si se quiere y menos en clave filosófico-existencial. Pero lo que sí es cierto es que su actuación no desentona. Nos asombró ver al gran director japonés Takeshi Kitano al frente de la cámara en el personaje de Daisuke Aramaki, todo un lujo considerando su filmografía excelente, pero además dando una actuación totalmente convincente y poderosa; uno de los logros del film, sin duda. Michael Pitt en su rol de Kuze transmite rabia, venganza, odio, aunque en el fondo tenga un dejo de humanidad que no lo convierte en un malo arquetípico sino en un ente con matices. Pilou Asbæk como Batou se muestra como el hombre fuerte del equipo policial, con un lado tierno no hacia los seres humanos, precisamente. Peter Ferdinando como Cutter se muestra primero como un burócrata corporativo más hasta que devela su verdadera identidad e intención, haciendo el actor una buena progresión del personaje. Y Juliette Binoche como la Doctora Ouelet viene a ser, dentro de su labor médico cibernética, el único vínculo existencial que tiene la protagonista con el mundo exterior y con su yo interno.

 

 

En resumen, este remake de “Ghost In The Shell”, con todo y lo bien logrado en el campo visual, de efectos, de actuaciones y de edición, es un buen entretenimiento que a su vez no tiene el aura filosófico, humano, de alma que el manga y el animé poseen. Un robot puede ser humano; este film casi lo es. ★★★★ de un máximo de ★★★★★.

 

 

Paramount Pictures y DreamWorks SKG presentan en asociación con Arad Productions, Steven Paul Production y Reliance Entertainment. Un film de Rupert Sanders. “Ghost In The Shell.” Dirigido por Rupert Sanders. Escrito por Jamie Moss y William Wheeler. Basado en el manga “Kōkaku Kidōtai” escrito por Masamune Shirow y en el film homónimo dirigido por Mamoru Oshii. Dirección de fotografía por Jess Hall, B.S.C. Música por Lorne Balfe y Clint Mansell. Editada por Billy Rich y Neil Smith. Supervisión de efectos especiales por Guillaume Rocheron y John Dykstra. Reparto por Lucy Bevan, Liz Mullane y Miranda Rivers. Dirección de arte por Matt Austin y Simon Bright. Diseño de producción por Jan Roelfs. Co-producida por Holly Bario, Jane Evans y Maki Terashima-Furuta. Producción ejecutiva por Mitsuhisa Ishikawa, Yoshinobu Noma, Jeffrey Silver y Tetsuya Fujimura. Producida por Avi Arad, P.G.A., Michael Costigan y Steven Paul. Protagonistas: Scarlett Johansson (Major/Motoko Kusanagi), Takeshi Kitano (Daisuke Aramaki), Michael Pitt (Kuze), Pilou Asbæk (Batou), Peter Ferdinando (Cutter), Chris Han (Han), Danusia Samal (Ladriya), Lasarus Ratuere (Ishikawa), Yutaka Izumihara (Saito) y Juliette Binoche (Dr. Ouelet). 2017. Duración: 106 minutos.