Síndrome De Estocolmo A La Francesa

 

Hagamos un recuento histórico. El 23 de agosto de 1973, el asaltante Jan Erik Olsson intentó robar el Banco de Crédito de Estocolmo, Suecia. En el suceso tomó como rehenes a cuatro empleados del banco cuando se sintió acorralado. Dentro de sus exigencias estaba que liberaran a Clark Olofsson, un criminal bajo condena. Aun cuando la policía amenazaba con matarle, los rehenes -3 mujeres y 1 hombre- con todo y que llevaban sogas alrededor de sus cuellos, terminaron protegiendo al captor para evitar ser atacados por la policía. Durante su cautiverio, una de las rehenes mencionó: “No me asusta Clark ni su compañero; me asusta la policía”. Luego de ser liberados, Kristin Enmark, otra de las rehenes, declaró: “Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él”. El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto acuñó el término de Síndrome de Estocolmo para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio, más cercana a la complicidad y al afecto que al miedo o la venganza. Mucha de esta reacción psicológica se observa en “Elle”, lo nuevo del director Paul Verhoeven.

 

 

En el film tenemos como protagonista a Michèle, una mujer de edad madura muy organizada en su vida laboral como propietaria de una empresa creadora de videojuegos y en su día a día, tanto en las relaciones con sus padres –nada normales y con una pesada sombra sobre estas– como en su ex esposo, su hijo, su nuera y uno que otro amante. Esta dinámica se rompe desde el principio de la obra al ser víctima de una violación, para luego decantar en una investigación personal que acomete con la finalidad de descubrir la identidad del violador, labor que la lleva a un enfrentamiento entre lo mal de la situación y la atracción y empatía que en algún momento contrae con su atacante.

 

 

Si bien es la primera vez que Paul Verhoeven realiza un film en Francia dado su origen holandés, no es la primera que aborda estos temas donde se encuentran la venganza, las situaciones extremas o las confrontaciones entre los hechos y las consecuencias. Desde su gran debut en Hollywood con “RoboCop” en 1987, pasando por una de sus obras más intimistas con todo y que es ciencia-ficción: “Total Recall” de 1990, llegando a la polémica con uno de los thrillers más explícitos del cine: “Basic Instinct” de 1992, hasta llegar al ostracismo consecuencia de haber hecho uno de los peores filmes de todos los tiempos en 1995: “ShowGirls”, el cine de este realizador ha gravitado en los temas antes mencionados, por lo que la temática abordad en el trabajo realizado en esta ocasión no le es extraño; todo lo contrario. “Elle” demuestra que en situaciones extremas, hace una labor magistral de manejo del tiempo fílmico entre flashbacks, linealidad, modificación de hechos para mostrar otras visiones, otras perspectivas, todo ello dentro del mismo film. Lejos de ser sensacionalista, Paul Verhoeven viene a ser realista in extremis.

 

 

Esta visión de los hechos tan enmarcada en la realidad viene de la mano de un guión firmado por David Birke y Harold Manning con base en la novela “Oh…” de Philippe Djian, donde juega con el odio, la violencia, la venganza y la atracción a partes iguales, todo dentro de un equilibrio si se quiere perverso que juega con el espectador en hacerle sentir una gama de emociones para luego cambiarlas de golpe. El trabajo fotográfico gravita hacia los tonos fríos, grises, propios de un invierno parisino, también como elemento para reflejar el sentimiento de ruptura de cotidianidad que alguna vez existió en el entorno del personaje protagonista. La edición cumple con esta visión al ir a flashbacks y situaciones alternativas con naturalidad y sin sobresaltos, casi colocándose en la mente del espectador. Y lo musical va desde temas severos sin truculencias hasta temas de Iggy Pop.

 

 

En lo actoral, Laurent Lafitte como Patrick, viene a ser el vecino agradable y atractivo de Michèle, aun cuando su personaje oculte algo que a primera vista no se aprecia. Anne Consigny como Anna transmite empatía con naturalidad y soltura. Christian Berkel en su rol de Robert, amante de Michèle, logra dar el aspecto de hombre utilitario solo para el sexo y ya. Virginie Efira consigue con Rebecca, esposa de Patrick, dar la imagen de ser noble e inocente al extremo de no saber que hay en sus propias narices. Charles Berling hace Richard Casamayou, ex esposo de Michèle, hombre frustrado y tan lleno de inseguridades que el espectador entiende con ella el por qué se separó de él. Alice Isaaz como Josie, nuera de Michèle, logra ser de intolerante a simplemente ser insoportable. Judith Magre como Irène Leblanc, madre de Michèle, se hace “querer” (en sentido figurado) por ella. Jonas Bloquet es su rol de Vincent, hijo de Michèle, raya -al igual que Rebecca- en lo inocente acerca de su relación con Josie. Pero hemos estado hablando de la mayoría de los actores; no de Isabelle Huppert. Para ella y su personaje de Michèle Leblanc, sólo tenemos varias palabras en una línea, en negritas y mayúsculas corridas.

 

¡FANTÁSTICA! ¡ÚNICA! ¡COMPLEJA! ¡NINGUNA ACTRIZ COMO ELLA!

 

 

En síntesis, “Elle” viene a ser una disección interesante del alma humana a partir de un suceso violento; como éste nos afecta en nuestro día a día; como en vez de disminuirnos nos empodera; como lo extremo nos atrae; y por sobre todo, es uno de los mejores –sino el mejor– filmes de Isabelle Huppert y de Paul Verhoeven. El Síndrome de Estocolmo no es una letra muerta en un texto de Psicología. Es algo que sucede más de lo que creemos. ★★★★★ de un máximo de ★★★★★

 

 

Sony Pictures Classics presenta. Una coproducción franco-alemana SBS Productions, Twenty Twenty Vision Filmproduktion y France 2 Cinema en coproducción con Entre Chien Et Loup y Proximus, con la participación de Canal +, France Télévisions, OCS, del Centre National Du Cinema Et De L’Image Animée y del German Federal Film Borad. Un film de Paul Verhoeven. “Elle.” Dirigido por Paul Verhoeven. Escrito por David Birke y Harold Manning. Basado en la novela “Oh…” escrita por Philippe Djian. Dirección de fotografía por Stéphane Fontaine, A.F.C. Música por Anne Dudley. Editada por Job ter Burg. Reparto por Constance Demontoy. Diseño de producción por Laurent Ott. Diseño de vestuario por Nathalie Raoul. Asistencia de producción por Sarah Borch-Jacobsen y Kevin Chneiweiss. Co-producido por Sébastien Delloye, Diana Elbaum, Thanassis Karathanos y François Touwaide. Producido por Saïd Ben Saïd y Michel Merkt. Protagonistas: Isabelle Huppert (Michèle Leblanc), Laurent Lafitte (Patrick), Anne Consigny (Anna), Christian Berkel (Robert), Virginie Efira Rebecca), Charles Berling (Richard Casamayou), Alice Isaaz (Josie), Judith Magre (Irène Leblanc), Vimala Pons (Hélène), Jonas Bloquet (Vincent), Lucas Prisor (Kurt), Arthur Mazet (Kevin) y Raphaël Lenglet (Ralph). 2016. Duración: 130 minutos.

¿Qué Tan Humano Puede Ser Un Robot?

Desde que en la década de los 50 del siglo XX el escritor de ciencia-ficción Isaac Asimov postuló las 3 leyes de la robótica como manifiesto y en su novela “I, Robot”, ha sido una constante en las artes de corte futurista la relación existente entre hombres y máquinas. Sin embargo, algo que el propio escritor no anticipó fue la posibilidad de que una creación humana formada a imagen y semejanza nuestra pudiera contener en su interior emociones; hecho que logró primero Philip K. Dick con su clásica novela “Do Android Dream With Electric Sheep?”, luego al adaptar este texto Ridley Scott y convertirlo en uno de los filmes más importantes de la historia del cine: “Blade Runner” en 1982 (en mayo de este año se cumplirán 35 años desde su estreno) y en 1989 con la publicación en Japón primero en manga bajo la autoría de Masamune Shirow y 6 años después en animé de “Kōkaku Kidōtai”, o como se conoce desde entonces, “Ghost In The Shell”, film dirigido por Mamoru Oshii. Desde su aparición ha sido uno de los trabajos más aclamados del género por su estética, su trama y sobre todo sus referentes que van desde el propio film de Scott hasta basamentos filosóficos tomados de Kant, Hegel, Descartes o Schopenhauer; toda una obra maestra. Era cuestión de tiempo para que fuese adaptada a una versión con actores de carne y hueso, generando como resultado y en la onda actual de revisitar éxitos o formatos fílmicos del pasado, un remake occidentalizado para “Ghost In The Shell.”

 

La trama, para aquellos que vimos el animé original como para los que no lo han visto, no amerita mucha complicación: luego de una Tercera Guerra Mundial en el año 2029, Japón se convierte en una superpotencia amenazada por una nueva guerra donde las armas son la alta tecnología y el terrorismo cibernético. En este contexto se encuentra Major o Motoko Kusanagi, una heroína cyborg salvo por su cerebro y su médula, con un pasado oculto que debe descubrir. Bajo esta premisa, Major lucha en una división policial de nombre Sección 9 contra ataques de cyberterroristas orquestados por una entidad de nombre Kuze. Y es en esta cacería contra este ente que Major empieza a plantearse su origen, su propósito y su razón de ser, en pocas palabras, empieza a descubrir su humanidad.

 

 

Este material tan complejo amerita un director de alto vuelo especializado en el género, labor que en esta oportunidad recayó en el “novato” Rupert Sanders, conocido por dirigir en 2010 “Black Hole” y en 2012 “Snow White And The Huntsman.” Cuando decimos novato nos referimos a su corta experiencia como realizador y cuando mencionamos director de alto vuelo, es porque “Ghost In The Shell” (el remake) merecía un autor más especializado en el género. No estamos diciendo con esto que Sanders hizo un mal trabajo de dirección, pero sí sentimos que le faltó un poco más de audacia y de compromiso tras la silla de mando. En algunas escenas recreó el animé cuadro a cuadro; en otras modificó el desarrollo de los hechos.

 

 

Quizás el factor que hace que la dirección no llegue a niveles estelares recae principalmente en la adaptación del guión que, en aras de llegar a una audiencia masiva, se decantó más por ser un thriller policial futurista que por las implicaciones filosóficas, antropológicas y si se quiere, religiosas que existen tanto en el manga como en el animé. Por ello, para los que vieron el trabajo de 1995, esta versión de “Ghost In The Shell” podrá parecerles “sacrílega” por momentos y en comparación; para el espectador novel pasa por un film de buenos y malos cibernéticos (nota: nos ubicamos del lado de los primeros). Más sin embargo es de reconocer el buen trabajo de efectos especiales, dirección de arte, diseño de producción y fotografía que recrean con precisión el material original, particularmente en las tomas cenitales y de planos abiertos en perspectiva que crean el entorno en la mente del espectador. El trabajo de edición, influenciado por las Wachowski, hace que el film sea dinámico, inclusive en las secuencias donde no hay mucho movimiento y sí un poco más de introspección. Y lo musical viene por un soundtrack más cercano a la musicalidad tecno europea de Jean Michel-Jarré que a las armonías búlgaras y notas japonesas tradicionales del film original cuya música fue hecha por Kenji Kawai.

 

 

Ha causado mucha polémica que el personaje protagónico fuese para la actriz Scarlett Johansson que para una intérprete oriental o japonesa. En este caso consideramos que la labor de Johansson fue muy buena, al transmitir las dualidades del personaje sobre su origen, su propósito y su misión de vida, si bien y como ya mencionamos, se tratan estos temas más en forma melodramática si se quiere y menos en clave filosófico-existencial. Pero lo que sí es cierto es que su actuación no desentona. Nos asombró ver al gran director japonés Takeshi Kitano al frente de la cámara en el personaje de Daisuke Aramaki, todo un lujo considerando su filmografía excelente, pero además dando una actuación totalmente convincente y poderosa; uno de los logros del film, sin duda. Michael Pitt en su rol de Kuze transmite rabia, venganza, odio, aunque en el fondo tenga un dejo de humanidad que no lo convierte en un malo arquetípico sino en un ente con matices. Pilou Asbæk como Batou se muestra como el hombre fuerte del equipo policial, con un lado tierno no hacia los seres humanos, precisamente. Peter Ferdinando como Cutter se muestra primero como un burócrata corporativo más hasta que devela su verdadera identidad e intención, haciendo el actor una buena progresión del personaje. Y Juliette Binoche como la Doctora Ouelet viene a ser, dentro de su labor médico cibernética, el único vínculo existencial que tiene la protagonista con el mundo exterior y con su yo interno.

 

 

En resumen, este remake de “Ghost In The Shell”, con todo y lo bien logrado en el campo visual, de efectos, de actuaciones y de edición, es un buen entretenimiento que a su vez no tiene el aura filosófico, humano, de alma que el manga y el animé poseen. Un robot puede ser humano; este film casi lo es. ★★★★ de un máximo de ★★★★★.

 

 

Paramount Pictures y DreamWorks SKG presentan en asociación con Arad Productions, Steven Paul Production y Reliance Entertainment. Un film de Rupert Sanders. “Ghost In The Shell.” Dirigido por Rupert Sanders. Escrito por Jamie Moss y William Wheeler. Basado en el manga “Kōkaku Kidōtai” escrito por Masamune Shirow y en el film homónimo dirigido por Mamoru Oshii. Dirección de fotografía por Jess Hall, B.S.C. Música por Lorne Balfe y Clint Mansell. Editada por Billy Rich y Neil Smith. Supervisión de efectos especiales por Guillaume Rocheron y John Dykstra. Reparto por Lucy Bevan, Liz Mullane y Miranda Rivers. Dirección de arte por Matt Austin y Simon Bright. Diseño de producción por Jan Roelfs. Co-producida por Holly Bario, Jane Evans y Maki Terashima-Furuta. Producción ejecutiva por Mitsuhisa Ishikawa, Yoshinobu Noma, Jeffrey Silver y Tetsuya Fujimura. Producida por Avi Arad, P.G.A., Michael Costigan y Steven Paul. Protagonistas: Scarlett Johansson (Major/Motoko Kusanagi), Takeshi Kitano (Daisuke Aramaki), Michael Pitt (Kuze), Pilou Asbæk (Batou), Peter Ferdinando (Cutter), Chris Han (Han), Danusia Samal (Ladriya), Lasarus Ratuere (Ishikawa), Yutaka Izumihara (Saito) y Juliette Binoche (Dr. Ouelet). 2017. Duración: 106 minutos.

Nuestro Amor Duró 4 Estaciones

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Haciendo un poco de labor educativa en el campo del cine, el género del musical tuvo su período de gloria entre 1927 y 1965, concretamente con la aparición del sonido en los filmes, ejemplarizado en “The Jazz Singer” de Alan Crosland y en el segundo año con el estreno de “The Sound Of Music” de Robert Wise basado en el musical de Broadway de Rodgers y Hammerstein, suerte de idealización de la familia aristócrata-musical austríaca Von Trapp. Luego de 1965 el género bajó en cuanto a popularidad por dos motivos principales: el New Hollywood que evitaba el artificio y realzaba el realismo y, como consecuencia de esto, el cambio de gusto en las audiencias. Musicales de 1968 como “Oliver!” de Carol Reed, “Dr. Doolittle” de Richard Fleischer y “Sweet Charity” de Bob Fosse no fueron del agrado de las masas, como tampoco lo fue en 1977 “New York, New York” de Martin Scorsese. Si acaso en 1972 y 1979 Fosse se reinventaría a sí mismo y al género con los filmes “Cabaret” y “All That Jazz”, pero el elemento fantasía-final feliz tradicional de la era dorada del musical en cine era sustituido por un clima pesimista, sombrío y si se quiere sórdido en lo argumental. Con la excepción de “Jesuschrist Superstar” de 1973 de Norman Jewison y “Grease” de 1978 de Randal Kleiser (ambos basados en obras de teatro musical, rock en un caso y pop rock en el otro), el género en su propuesta formal “a la antigua” no llenó las salas de cine en buena parte de la década de los 70 y 80, hasta llegar a los 90 donde, bajo el paraguas de la animación de Walt Disney, desde “The Little Mermaid” en adelante, cada film de la casa de Mickey Mouse ha sido un musical. Más el regreso del género con todo (descontando la adaptación de Alan Parker del musical “Evita”) vino en el 2000 y 2002 con “Moulin Rouge!” y “Chicago”, dirigidos por Baz Luhrmann el primero y Rob Marshall el segundo. Si bien no ha sido constante que cada año desde entonces haya habido un musical, cada cierto tiempo aparece en las carteleras un film donde la música es un protagonista más, cuando no es el principal. En esta ocasión el turno es para Damien Chazelle y “La La Land.”

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La premisa del film es sencilla: hombre y mujer cada uno por su lado con sus sueños y ambiciones: él, ser un innovador del jazz con todo y santuario para su disfrute; ella ser una gran estrella de cine. Entre primeros desencuentros, eventualmente se encuentran, se enamoran y se desenamoran en 4 actos, todo ello bajo el marco de un Los Ángeles donde no hay pandillas, no hay barriadas, ni un solo elemento discordante, sino grandes escenarios, grandes planos secuencias, en estridente Technicolor (este adjetivo no lo decimos en forma peyorativa) y magno CinemaScope. Y faltaría más, música, bailes e imágenes sincronizadas.

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En esta oportunidad, Damien Chazelle se aleja del brutalismo psicológico y la tensión extrema que plasmó en esa maravilla llamada “Whiplash” para ahondar el terreno de la música –una de sus pasiones confesas– bajo un prisma más relajado, más animado, en búsqueda de lograr un ejercicio estético artístico que vale decir, lo logra en todo momento, al rendir homenaje a esas obras realizadas en esos 38 años de auge del cine musical. Esto, al mismo tiempo, es el gran defecto que “La La Land” posee: en la secuencia inicial uno siente que ve un musical de Vincente Minnelli, en otras ocasiones uno cree ver un film de Stanley Donen junto a Gene Kelly, también se nota la influencia de Jacques Demy, incluso hay un gran guiño a “New York, New York” de Scorsese, con todo y que el escenario es Los Ángeles, pero en toda la duración del film no se encuentra por ninguna parte el sello del director; es decir, pareciera que en aras de rendir homenaje al período en cuestión, “La La Land” está dirigida por muchos directores, pero no por Damien Chazelle, perdiendo con ello su identidad como director de cine.

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Este tributo al cine del pasado viene de la mano del guión firmado por el propio director, donde no existen muchos giros o situaciones que sorprendan a la audiencia en cuanto a lo argumental, sino una historia de lo más convencional, como bien lo citamos en el título de esta reseña –ya pueden hacerse una idea de por dónde va la trama–. No obstante, el gran mérito de “La La Land” viene de la mano de la fotografía y la edición. En el primer caso, la paleta cromática hace uso de colores primarios y secundarios a gran escala y alto contraste de luz y sombra; de hecho, el paisaje es protagonista, en especial el atardecer. En el segundo caso, la secuencia inicial da una idea del ritmo general del film y del excelente trabajo que hizo el equipo de edición para que no se sientan los cortes, sino que todo fluyera en forma natural sin desviar la atención del espectador. Y lo musical viene de la mano de una columna sonora creada por Justin Hurwitz donde el jazz manda junto con las baladas y números bailables necesarios en un film de este género.

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Si bien hay un gran reparto en este film, el mismo queda opacado ante las actuaciones de Ryan Gosling y Emma Stone. Cada uno por separado dentro de la trama convence, más sin embargo la magia se produce cuando ellos se juntan en pantalla, bien sea para conversar, para bailar, para cantar o para apenas mirarse sin decir palabra alguna. Lejos de parecerse a Gene Kelly y Debbie Reynolds como muchos los han comparado, ambos se parecen más –particularmente a la hora de bailar– a Fred Astaire y Rita Hayworth en “You Were Never Lovelier” de 1942, dirigida por William A. Seiter. La química entre actores es algo que se tiene o no se tiene, y en el caso de Ryan Gosling y Emma Stone les sobra en cantidad.

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En síntesis, “La La Land” termina siendo un ejercicio estético interesante, del mismo modo que en su momento lo fue “The Artist” de Michel Hazanavicius al hacer en esta época un film mudo, ahora con un musical a la antigua. Un film entretenido, más no indispensable. No es un “musical para millennials” como hemos oído decir; para eso está la magnífica “(500) Days Of Summer” de Marc Webb. Y un trabajo altamente artístico, pero muy pobre en identidad autoral, algo que necesita recuperar Damien Chazelle para volver a ser llamado director de cine. ★★★ de un máximo de ★★★★★.

Summit Entertainment presenta. Una producción Marc Platt/Impostor Pictures/Gilbert Films. Un film de Damien Chazelle. “La La Land.” Escrita y dirigida por Damien Chazelle. Dirección de fotografía por Linus Sandgren, F.S.F. Música por Justin Hurwitz. Letras por Benj Pasek y Justin Paul. Score por Justin Hurwitz. Producción musical ejecutiva por Marius De Vries. Supervisión musical por Steven Gizicki. Edición por Tom Cross, A.C.E. Coreografías por Mandy Moore. Reparto por Deborah Aquila, C.S.A. y Tricia Wood, C.S.A. Diseño de producción por David Wasco. Disñeo de vestuario por Mary Zophres. Producción ejecutiva por Michael Beugg. Producida por Fred Berger, P.G.A., Jordan Horowitz, P.G.A., Gary Gilbert y Marc Platt, P.G.A. Protagonistas: Ryan Gosling (Sebastian), Emma Stone (Mia), John Legend (Keith), Rosemary DeWitt (Laura), J.K. Simmons (Bill) y Josh Pence (Josh). 2016. Duración: 128 minutos.

Coda: Esta es la PRIMERA Y LA ÚLTIMA VEZ que reseñaremos un film pasado un tiempo de su entrada en cartelera. La política de este espacio es ver los filmes antes de su estreno oficial, con la misión de indicar a nuestro público lector si vale la pena ver o no determinada producción, en aras de recomendar lo mejor que el cine tiene para ofrecer. En virtud de ello, agradecemos a Cinematográfica Blancica por la no invitación al pase para la prensa y medios realizado una semana antes de su estreno al público, sobre todo luego de enviar solicitudes vía correo electrónico por más de un año para ser incluidos en la base de datos de prensa y medios de esta distribuidora cinematográfica. De nuevo, gracias por la no invitación. Y a nuestros lectores, gracias por su comprensión. Para futuras reseñas tendremos como norte (como hemos tratado de hacer en 12 años de labor contínua) indicarles lo que deben y lo que no deben ver. Porque el cine es pasión, es gusto, es algo que queremos transmitirles y que disfruten siempre.

2 Obras. 2 Personajes. 2 Visiones Del País

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Recientemente hemos visto 2 filmes venezolanos de corte documental que reflejan dos formas de ver el pasado del país, dos personalidades claves de la Venezuela del siglo XX y cuyas obras y acciones han marcado en sus correspondientes áreas el presente y quizás, impacten el futuro de este territorio. Analizaremos en las siguientes líneas estas producciones.

 

El Hombre Que Caminó Una Y Otra Vez

 

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En el lapso de 30 años desde la década de los 60 hasta la década de los 90 del siglo pasado, la Venezuela de ese entonces pasó de una lucha guerrillera por el control del poder de una democracia post dictatorial a un nivel de vida potenciado por el alza de los precios del petróleo –origen y consecuencia de lo bueno y lo malo que ha existido en el país–, para luego llegar a un período de deuda y crisis simbolizado en tres momentos históricos: Viernes Negro, El Caracazo y los Golpes de Estado del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992. En estos sucesos y en muchos otros estuvo presente en forma directa unos, o en forma indirecta otros, la figura de Carlos Andrés Pérez, Presidente de Venezuela en dos oportunidades; la segunda terminada antes de su culminación natural. Estos momentos junto con los sucesos que los configuraron, son la base para el documental “CAP 2 Intentos”, lo más reciente del director Carlos Oteyza.

Es importante aclarar que el director no es precisamente un advenedizo en el campo del cine documental: ya en 1981 colaboró en la triple producción (un solo film compuesto de 3 mediometrajes) estrenado ese año junto con los directores Carlos Azpúrua y Jacobo Penzo de título “La Propia Gente” –el film de Oteyza es el más recordado por ser reflejo de la clase media venezolana de ese entonces, englobado en un título: “Mayami Nuestro”–, además de estrenar en 2012 uno de los mejores trabajos documentales de factura reciente: “Tiempos De Dictadura. Tiempos De Marcos Pérez Jiménez”, sumado a 2 producciones en el campo de la ficción: “Roraima” en 1992 y “La Voz Del Corazón” en 1997. En el caso de “CAP 2 Intentos” se repite el mismo esquema empleado en el trabajo de 2012: cronología de sucesos en forma lineal donde la imagen hable por sí misma para que el espectador compare lo que era con lo que hoy es.

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Este acto, del que se termina haciendo un ejercicio comparativo a partes iguales entre los que vivieron esos años y los que no, viene de la mano del uso de material fílmico televisivo noticioso de ambos períodos, complementado con entrevistas a personalidades y gente que estuvo presente en las dos administraciones de Carlos Andrés Pérez; la de Gran Venezuela, la Venezuela Saudita y el “Ta’ barato, dame dos”, y el país del Gran Viraje, la Tecnocracia y el Neoliberalismo. Esta acción mencionada es lo que diferencia a “CAP 2 Intentos” de “Tiempos De Dictadura. Tiempos De Marcos Pérez Jiménez”, que a su vez hace al film de Carlos Andrés Pérez sumar dos puntos no favorables, cuales son: el uso de una locución más de noticiero televisivo en la voz de Gladys Rodríguez que de un verbo más actoral como lo fue el trabajo de Laureano Márquez en el segundo caso; además, en el film sobre Marcos Pérez Jiménez se contrastaba la opinión de aquellos opositores contra la de un militar que fue adepto al régimen en la figura del Mayor del Ejército Víctor Maldonado. En el film de CAP no existe esa voz contrastante que refleje el lado negativo que tuvo el personaje protagonista –creemos que el director deja esa labor en manos del espectador–, sino más el tono anecdótico y nostálgico de un tiempo mejor que devino en algo peor, en el estado actual de las cosas.

No obstante, y salvando estos pequeños detalles, “CAP 2 Intentos” se perfila como un trabajo interesante, digno de ser observado, analizado y comentado por todas las generaciones para poder entender nuestro entorno y nuestra idiosincrasia, y en función de ello tratar en la medida de lo posible, construir un futuro mejor, aunque a veces pareciera que no lo es. ★★★★ de un máximo de ★★★★★.

El Disimulo En La Venezuela Del Siglo XX

 

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En la rueda de prensa posterior a su estreno para los medios y críticos de cine, el director Antonio Llerandi (célebre por realizar junto con Iván Feo una de las obras capitales del cine venezolano de todos los tiempos: la adaptación de la novela de Adriano González León, “País Portátil”) relataba una anécdota particular: éste fue invitado a la ciudad de Maracaibo a dar una clase magistral sobre el cine junto con una proyección de su film “Profundo”. Al empezar la misma le preguntó a los alumnos si sabían quién era José Ignacio Cabrujas –que había hecho el guión de la película y además había actuado en la misma–, y las caras de desconocimiento e ignorancia de los presentes acerca de la vida y obra de uno de los intelectuales más importantes del siglo XX venezolano fueron tales, que este hecho sirvió como motor y motivación para elaborar el documental “Cabrujas En El País Del Disimulo” a 4 manos con la directora Belén Orsini.

A partir de entrevistas a familiares, colegas, amigos de infancia y de la vida, actores, profesores de teatro, directores de cine, políticos, así como dos de las que fueron sus esposas (Cabrujas contrajo matrimonio en 3 ocasiones), matizado con material tomado de entrevistas televisivas, filmaciones de sus obras teatrales en VHS, escenas varias de películas donde tuvo participación como actor o como escritor, fragmentos de telenovelas firmadas por él y representaciones de varias de sus obras teatrales breves, más una adaptación de sus muchos artículos escritos para el Diario “El Nacional”, el espectador puede formarse en 8 actos una idea, no solo del José Ignacio Cabrujas intelectual, del ser humano, sus logros, alegrías, inseguridades y miedos, sino también de una Venezuela en medio de la vorágine, de lo rimbombante, de la desmemoria, del caos pasado que nos hace comprender la situación actual.

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Es destacable en esta producción el trabajo de fotografía, a medio camino entre el uso del croma key para recrear ciertas situaciones como el uso de luz natural para otras, lo cual da un buen contraste visual. Solo un punto sería no destacable del total, cual es la narrativa de algunas de las representaciones de las obras teatrales, siendo más cercana y enmarcada al formalismo de lenguaje de esta forma de arte que al discurso cinematográfico que tiende a ser más visual que fonético.

Salvo por ese pequeño “bache” a falta de una palabra mejor, el resultado final de “Cabrujas En El País Del Disimulo” termina siendo redondo, interesante y necesario para mantener viva la memoria y la obra de uno de los intelectuales más importantes y destacados de la historia de las artes en Venezuela. Esta producción es necesaria verla, eso sí, sin dismulo. ★★★★ de un máximo de ★★★★★.

 

 

 

Siboney Films presenta. Un film de Carlos Oteyza. “CAP 2 Intentos.” Guión y dirección por Carlos Oteyza. Dirección de fotografía por Branmir Caleta. Música por Daniel Espinoza. Meacla y banda sonora por Orlando Andersen. Edición por Guiliano Ferrioli. Post producción por Israel García. Producción ejecutiva por José Ignacio Oteyza y Verónica Cañas Azuaje. Producción general por Lorena Gómez di Totto. Locución: Gladys Rodríguez. 2016. Duración: 100 minutos.
Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) presenta. Una producción Morocota Films. Un film de Belén Orsini y Antonio Llerandi. “Cabrujas En El País Del Disimulo.” Producida y dirigida por Belén Orsini y Antonio Llerandi. Escrita por Belén Orsini, Antonio Llerandi y Leonardo Henríquez. Dirección de fotografía por Dirección de Fotografía y Cámara por Víctor Pérez. Dirección de Arte por Diego Rísquez. Música Original: Gonzalo Grau. Edición por Leonardo Henríquez. Voz e Imagen de José Ignacio Cabrujas: Luis Rivas. 2012. Duración: 90 minutos.

Olvida Todo Lo Que Sabes

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Eres exitoso. Millonario. Reconocido en tu profesión. Tu ego es dueño de tu día a día. Pero un imprevisto cambia esta dinámica para que descubras que tienes algo más que fortuna: el poder de cambiar tu forma de pensar, tu momento, tu espacio y tiempo. Esta es la premisa en la cual se sustenta uno de los mejores filmes –hasta ahora– de 2016: “Dr. Strange.”

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Basado en el comic creado en la década de los 60 por Stan Lee y Steve Ditko, el film nos muestra al Dr. Stephen Strange, neurocirujano mundialmente reconocido, con un ego rayando en la soberbia que por un azar del destino pierde sus habilidades con las manos, algo muy importante por el tipo de profesión que desempeña. En medio de su desgracia descubre que hay una cura en un lugar recóndito de Nepal, donde encuentra un ser con miles de años de existencia en el mundo y conocido por el adjetivo de El Antiguo, quien aparte de ayudarle en su rehabilitación física, también le apoya en una rehabilitación espiritual al enseñarle en las artes místicas, llevándole a descubrir un poder que habitaba dentro de él y que será una herramienta clave en la lucha contra las fuerzas oscuras de Dormmamu, habitante de la Dimensión Oscura y que desea conquistar la Tierra con la ayuda de su peón Kaecilius y sus seguidores.

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Si bien el material original data de la década de los 60, su vigencia en el mundo actual es indudable, mismo que se ha logrado con la estupenda dirección de Scott Derrickson, quien le aporta un dinamismo constante y total durante las casi dos horas de duración haciendo que en todo momento nos despegáramos del respaldar de la butaca (nuestra prueba de que una película nos tiene atrapados) y logrando que terminada la proyección saliéramos exultantes, en estado de euforia. Pocos filmes logran ese efecto en las personas, y sin duda “Dr. Strange” lo consigue en forma magistral.

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Este logro alcanzado por Derrickson se consiguió gracias a un guión firmado por el mismo director en conjunto con C. Robert Cargill quienes respetaron la fuente original, pero trasladándola al siglo XXI. Podemos decir sin duda que el texto es tan atrapante que incluso en momentos que se supone son místicos o que deberían bajar un poco la tónica del discurso, lo mantiene en todo momento en alza, sin desmayar, haciendo a “Dr. Strange” un integrante con creces del conocido Marvel Cinematic Universe (MCU) en la misma liga de clásicos como “X-Men”, “Spider-Man”, “The Avengers” y la reciente “Deadpool.” Esta es la segunda película de este universo particular que hacía falta en 2016.

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El trabajo fotográfico consigue transmitir una escala cromático-emocional que va desde el ascetismo esterilizado de un quirófano y de un monasterio budista, hasta los tonos fríos de algunas zonas del mundo y cálidos en otras, haciendo del film un gran lienzo donde se desenvuelven los personajes. Además, el trabajo de efectos visuales es de una calidad que se ha extrañado en producciones recientes de otros directores al notarse las costuras del computador; más en “Dr. Strange” el concepto que plantea el film en cuanto a la existencia del múltiples universos y que se menciona en los diálogos, en la pantalla –y reforzado por el uso del 3D– hace parecer a un clásico como “Inception” de Christopher Nolan un experimento iniciático. El trabajo de edición consigue que todo lo anterior sea un elemento cohesionado haciendo del film una experiencia como pocas. Y lo musical, aparte de reforzarse con temas populares en unos y psicodélicos en otros (Pink Floyd incluído), posee una columna sonora que no solapa al film con leit-motifs sino que complementa el gran trabajo visual y argumental.

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Si bien para muchos es conocido por su rol de Sherlock Holmes en la serie de BBC de factura reciente, aparte de haber hecho el descomunal papel del Dr. Alan Turing en el film “The Imitation Game” y la voz del dragón Smaug en la tríada de “The Hobbit”, podemos decir a partir de ahora en adelante que Dr. Strange ES Benedict Cumberbatch. Solo un actor de la estatura del mencionado puede hacer este papel suyo y darle un rango emocional que lo abarca todo y más; si la Academia fuese menos cerrada con los “filmes de verano”, Cumberbatch merecería una nominación al Oscar™ como Mejor Actor. ¿Ya les dijimos que Dr. Strange ES Benedict Cumberbatch al igual que Ryan Reynolds es Deadpool, Hugh Jackman es Wolverine, Christian Bale es Batman o Christopher Reeve es Superman? Chiwetel Ejiofor en su rol de Karl Mordo hace un estudiante de las artes místicas apegado a las reglas, mística que eventualmente lo puede llevar a cambiar de derroteros. Rachel McAdams hace una Christine Palmer conectora del pasado de Strange con el nuevo presente y el posible futuro, entre conciliadora y devota, irascible y rebelde. Benedict Wong como cuidador de las reliquias y los libros místicos de Kamar-Taj (el lugar donde llega Dr. Strange en Nepal), lleva dentro de sí una dicotomía de personalidad: ante todos tiene una imagen calmada, seria y formal, pero cuando hay que golpear, golpea y duro. Mads Mikkelsen en el papel de Kaecilius consigue ser un agente del mal con un propósito, aun cuando el mismo conlleve la destrucción del mundo como lo conocemos, sal sobrando decir que está de lujo su papel.  Y solo una actriz de la estatura de Tilda Swinton puede hacer el rol de El Antiguo con maestría, podemos decir sin equivocarnos que Swinton transmite en todos y cada uno de sus roles, incluso si recitara la guía telefónica en sánscrito.

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Dr. Strange” viene –al igual que “Deadpool” a comienzos del año– a ser una de las grandes sorpresas de 2016 en cuanto filmes basados en comics, considerando que ha habido de todo: desde filmes detestables hasta obras cumbres como las mencionadas. Parafraseando el título de este artículo, olviden todo lo que saben porque lo que verán en este film es totalmente diferente a lo ya visto. Íbamos a darles la clasificación máxima de las Cinco Estrellas, pero la verdad sea dicha: “Dr. StrangeES UN CLÁSICO. NO TIENE CLASIFICACIÓN.

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NOTA IMPORTANTE: Como es tradición en los filmes del Marvel Cinematic Universe, quédense POR FAVOR hasta el final del film porque hay no una, sino dos (2) escenas post créditos que valen mucho.

Marvel Studios presenta. Un film de Scott Derrickson. “Dr. Strange.” Drigido por Scott Derrickson. Guión por Scott Derrickson y C. Robert Cargill. Historia por Jon Spaiths, Scott Derrickson y C. Robert Cargill. Basado en el comic creado por Stan Lee y Steve Ditko. Dirección de fotografía por Ben Davis, B.S.C. Música por Michael Giacchino. Supervisión musical por Dave Jordan. Editada por Wyatt Smith, A.C.E. y Sabrina Plisco, A.C.E. Jefatura de desarrollo visual por Ryan Meinerding. Supervisión de efectos visuales por Stephane Ceretti. Efectos visuales y animación por Industrial Light &Magic. Reparto por Sarah Halley Finn, C.S.A. Diseño de vestuario por Alex Byrne. Diseño de producción por Charles Wood. Co producida por David J. Grant. Producción ejecutiva por Charles Newirth, Stan Lee, Victoria Alonso, Stephen Broussard y Louis D’Esposito. Producida por Kevin Feige, PG.A. Protagonistas: Benedict Cumberbatch (Dr. Stephen Strange), Chiwetel Ejiofor (Karl Mordo), Rachel McAdams (Christine Palmer), Benedict Wong (Wong), Michael Stuhlbarg (Dr. Nicodemus West), Benjamin Bratt (Jonathan Pangborn), con Mads Mikkelsen (Kaecilius) y Tilda Swinton (The Ancient One). 2016. Duración: 115 minutos.

Niños Especiales. Niños Peculiares

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Todos tenemos en mayor o menor medida algo que nos hace únicos. Desde acanalar la lengua hasta tocar el saxofón, de caminar parados de manos a pintar, estas características nos hacen diferenciarnos de la mayoría y a la vez, formar parte de un grupo que comparte nuestras habilidades. Pero qué pasaría si en vez de estas sencillas maniobras fuesen otras más destacables, más especiales. Esto, además del cómo podríamos existir con estas peculiaridades en este tiempo o en algún otro, es la base de lo que propone Tim Burton en su film “Miss Peregrine’s Home For Peculiar Children.”

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Basado en la novela homónima escrita por Ransom Riggs, la historia relata la vida de Jake, un adolescente inadaptado con relación a sus pares, que por el contrario se lleva bien con su abuelo hasta que el mismo fallece en extrañas circunstancias. En medio de la superación de la pérdida, Jake termina llegando a una isla escocesa donde descubre que muchas de las fantasías que su abuelo le contaba eran más reales de lo que aparentaban, haciendo contacto en función del espacio-tiempo con Miss Peregrine, suerte de institutriz de la II Guerra Mundial que está a cargo de un hogar refugio para niños con habilidades especiales que van desde volar, generar fuego, hacer crecer cosas, etc., que a su vez están amenazados en su existencia por fuerzas ocultas que desean robar su esencia de ser. Es en medio de este entorno que Jake deberá descubrir que lo hace único, especial, peculiar.

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Hace algún tiempo no veíamos un film de Tim Burton que nos gustara bastante, quizás desde la versión largometraje de su corto “Frankenwheenie”, ya que la filmografía de este director de culto había sido –para evitar calificativos fuertes– muy irregular, sin dar la nota exacta. El mejor ejemplo está en la adaptación de “Alice In Wonderland”, exitosa en taquilla, pero terrible en cuanto a producto final. Más sin embargo, Burton se reivindica con “Miss Peregrine’s Home For Peculiar Children” al volver a ese cine entre poético y freak que lo hizo famoso entre crítica y público, con referencias a su propio trabajo. Hay momentos en el film que recuerdan a “Big Fish”, unos más a “The Nightmare Before Christmas” o “Corpse Bride” y otros a su OBRA MAESTRA “Edward Scissorhands”, incluso hay un guiño homenaje a “8 1/2” de Federico Fellini, con la particularidad que en vez de hacer un calco del material previo, consigue hacer un trabajo directoral único, especial, digno del material fuente y de su carrera como uno de los realizadores más especiales (o aplicando el término en cuestión: peculiares) del cine contemporáneo.

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Este trabajo exquisito de dirección viene de la mano del guión firmado por Jane Goldman en base a la novela donde toma su título y su inspiración, haciendo que en un principio el film sea una cosa para luego ser otra completamente diferente y reflejando el viaje de descubrimiento de las peculiaridades de Jake dentro del contexto en que pasan los sucesos. Por breves momentos –muy pocos– ciertas escenas de acción entre rivales baja ligeramente el elemento tensión, pero en líneas generales el texto cumple con ser un viaje iniciático a descubrir lo que nos hace diferentes.

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Todo lo anterior viene de la mano de una fotografía que contrasta escenas de imágenes grisáceas sin llegar a lo deprimente con otras plenas de explosión de colores e iluminación solar, además de un trabajo de efectos especiales competente. La edición se mantiene lineal durante todo el film sin cortes abruptos, incluso en escenas de sobresaltos el tempo del film es constante. Y el trabajo musical no corre por cuenta de su eterno colaborador, Danny Elfman, sino Mike Higham y Matthew Margeson que funciona más como telón de fondo sonoro que por algún tema leit motif que se quede en el espectador, con excepción del tema “Wish That You Were Here” a cargo de Florence + The Machine.

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Eva Green tiene en su presencia en pantalla un halo entre retro y misteriosa; mucho de esa aura la traslada a su personaje de Miss Peregrine siendo durante todo el film ideal para entrar en el imaginario de personajes clásicos de los filmes de Burton, entre sobria y freak. Asa Butterfield hace un Jake pleno de inseguridades que luego pasan de lado para asumir el rol de líder de un grupo muy sui géneris. Ella Purnell en su papel de Emma sirve como hilo conductor entre el tiempo de los niños peculiares y el tiempo de Jake, contrastante en momentos, unidos por la adversidad. Judi Dench aun haciendo un breve papel, demuestra con creces por qué es una de las grandes damas de la actuación mundial, mencionar sus habilidades es llover sobre mojado. Terence Stamp cumple con su papel de abuelo de Jake al despertar en él la curiosidad por conocer más de sí y de su mundo, pero a la vez descubrir que él especial. Samuel L. Jackson hace un Barron a medio camino entre el deseo humano de la inmortalidad y la maldad al buscar ésta al costo que sea sin importar las consecuencias. Y el resto de niños peculiares, además de tener su presencia en pantalla, Burton les da la oportunidad de destacar en su momento, a su tiempo.

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Miss Peregrine’s Home For Peculiar Children” termina por ser un relato sobre la importancia y la necesidad de ser diferentes, que lo que nos hace únicos no debe ser motivo para separarnos sino para unirnos con nuestro entorno y con nuestro tiempo, además de ser un gran trabajo de Tim Burton como director. ¿Qué te hace peculiar? ★★★★ y 3/4 de un máximo de ★★★★★.

Twentieth Century-Fox presenta. Una producción Chernin Entertainment. Un film de Tim Burton. “Miss Peregrine’s Home For Peculiar Children.” Dirigida por Tim Burton. Escrita por Jane Goldman. Basada en la novela homónima escrita por Ransom Riggs y publicada por Quirk Books. Dirección de fotografía por Bruno Delbonnel, A.F.C. / A.S.C. Música por Mike Higham y Matthew Margeson. “Wish That You Were Here” interpretado por Florence + The Machine. Editada por Chris Lebenzon, A.C.E. Diseño de producción por Gavin Bocquet. Diseño de vestuario por Colleen Atwood. Producción ejecutiva por Derek Frey, Katterli Frauenfelder, Nigel Gostelow e Ivana Lombardi. Producida por Peter Chernin, P.G.A. y Jenno Topping, P.G.A. Protagonistas: Eva Green (Miss Alma LeFay Peregrine), Asa Butterfiled (Jake), Chris O’Dowd (Franklin Portman), Allison Janney (Dr. Golan), Rupert Everett (Ornitólogo), Terence Stamp (Abraham Portman), Ella Purnell (Emma Bloom), Finlay MacMillan (Enoch O’Conner), Lauren McCrostie (Olive Abroholos Elephanta), Hayden Keeler-Stone (Horace Somnusson), Georgia Pemberton (Fiona Fruanfeld), Milo Parker (Hugh Apiston), Raffiella Chapman (Claire Densmore), Pixie Davies (Bronwyn Bruntley), Joseph y Thomas Odwell (Gemelos), O-Lan Jones (Shelley), con Judi Dench (Miss Avocet) y Samuel L. Jackson (Barron). 2016. Duración: 127 minutos.

Apocalipsis Es Eterno. Apocalipsis Es Indestructible.

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Para los que hemos seguido su versión cinematográfica –así como sus iteraciones en comics y series de TV– desde el año 2000 cuando se estrenó el primer film de los mutantes más célebres del cine, estábamos esperando que en algunas de sus secuelas apareciera uno de los personajes más emblemáticos del universo de los X-Men: Apocalipsis. Esto venía por el hecho que el mismo (un mutante superpoderoso) era sinónimo del mal y del fin de los tiempos desde sus orígenes en el antiguo Egipto de faraones y pirámides, y así a lo largo de la historia humana. Aun en medio de las versiones no dirigidas por Bryan Singer y que han sido exitosas y bien logradas en unos casos (las de Matthew Vaughn); en otros no tanto (la de Brett Ratner y la serie “X-Men Origins”), muchos esperábamos a que este personaje hiciera presencia, algo que por fin se logra en “X-Men: Apocalypse.”

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La historia en esta oportunidad nos lleva a 1983, diez años después de lo contado en el film anterior, “X-Men: Days Of Future Past”, con un clima en vías de la aceptación de los mutantes en la sociedad mundial, con algunos de los personajes integrados a la misma, mientras que otros siguen ocultos o con temores para su visibilidad. Este orden se rompe en el momento que se hace un descubrimiento arqueológico en la ciudad de El Cairo, trayendo a la vida luego de miles de años al mutante primigenio: Apocalipsis, quien regresa a un mundo totalmente diferente al que gobernó y que desea retomar el poder a costa de exterminar la raza humana y dejar en el planeta a la raza mutante con la ayuda de 4 aliados, 4 fuerzas, 4 jinetes. Esto, si los aliados del profesor Charles Xavier logran impedirlo.

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Bajo este marco referencial es que se desenvuelve de nuevo el director Bryan Singer con maestría y soltura; a fin de cuentas, él fue quien inició todo en el año 2000 y que retomó en 2014 con la entrega anterior. Como ya hemos citado en más de una oportunidad su estilo de dirección es uno de los más impecables que hay en la profesión (equilibrado entre la sorpresa y los tiempos calmos) y que le permite revisitar la historia y los comics tomando elementos de filmes previos con el fin de concatenar todo este universo. Quizás para los que no hayan visto las producciones anteriores puedan sentirse confundidos, pero los que hemos visto todas y cada una de las películas nos sentiremos en territorio conocido.

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El trabajo de dirección se sostiene mediante el guión firmado a 8 manos entre Simon Kinberg, Michael Dougherty, Dan Harris y el propio Singer, quienes además de establecer el marco temporal, aportan los momentos necesarios para que el interés no desmaye. Lejos de ser un film “pesado” con todo y su duración de más de 2 horas, “X-Men: Apocalypse” es una producción dinámica y ligera en su desarrollo. El trabajo de efectos especiales, lejos de servir de adorno, es un protagonista más al dar el sentido necesario a las acciones, en especial, las secuencias con el personaje QuickSilver, al punto que al salir de la proyección llegamos a la conclusión que expresamos en un tweet, y citamos: “El tiempo de QuickSilver es PERFECTO.” La edición complementa todo lo anterior como una montaña rusa de emociones: tranquila cuando es necesario serlo, ágil cuando hay que serlo. Y lo musical sirve en esta oportunidad como soporte de la imagen, brevemente como factor protagonista.

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En lo actoral todos los actores sin duda cumplen en forma magistral su labor, desde un James McAvoy maduro en su rol de Charles Xavier, pasando por ese monstruo de la actuación llamado Michael Fassbender sobrado como Magneto, Jennifer Lawrence como una Mystique crecida en dominio de la pantalla y Nicholas Hoult haciendo un The Beast monumental; esto por el lado de los actores ya conocidos. Ahora en el lado de los nuevos…

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En el caso de Oscar Isaac, si bien se pierde su rostro en medio de las prótesis y los efectos especiales, consigue hacer de Apocalipsis alguien siniestro y aterrador, aun cuando su personaje no tiene elementos de violencia explícita, sino en un plano más sugerido. Rose Byrne repite su rol ya representado en “X-Men: First Class” de 2011 como la agente de la CIA Moira MacTaggert, ya con un paso de años desde los eventos de esta película, pero con un factor de madurez de su personaje, manteniendo el interés romántico ya mostrado en esa oportunidad hacia el personaje de Charles Xavier. Evan Peters repite el elemento ultra cool que tiene su personaje QuickSilver con un elemento adicional que lo hace mucho más interesante. Sophie Turner, Tye Sheridan y Alexandra Shipp toman el testigo dejado en alto por Famke Janssen, James Marsden y Halle Berry, respectivamente, para los roles de Jean Grey, Cyclops y Storm, calzando bien en lo logrado por estos últimos tres actores. Olivia Munn hace de su personaje Psylocke alguien entre vengativo y rencoroso, con ganas de ser un ángel justiciero llevándose por el medio a quien sea. Y por supuesto, ningún film de los X-Men está completo si no hace su aparición el mutante más popular de todos. ¿Adivinan quién es?

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X-Men: Apocalypse” puede entenderse y verse como una sola obra si se observa en conjunto con “X-Men: Days Of Future Past”, pero igual si no es así es un film que cumple lo que promete: tener en pantalla al que menciona que “es eterno, es indestructible.” Les recordamos como sucede en todas las películas de los X-Men quedarse hasta el último de los créditos porque hay una escena final en la misma, NO SE VAYAN ANTES. ★★★★★ de un máximo de ★★★★★.

 

 

Twentieth Century-Fox presenta en asociación con Marvel Entertainment. Una producción Bad Hat Harry/Kinberg Genre/Hutch Parker/Donners Company. Un film de Bryan Singer. “X-Men: Apocalypse.” Dirigido por Bryan Singer. Guión por Simon Kinberg. Historia por Bryan Singer, Simon Kinberg, Michael Dougherty y Dan Harris. Basado en personajes y en el comic creado por Stan Lee y Steve Ditko. Dirección de fotografía por Newton Tomas Sigel, A.S.C., B.S.C. Música por John Ottman. Editada por John Ottman, A.C.E. y Michael Louis Hill. Diseño de vestuario por Louise Mingenbach. Diseño de producción por Grant Major. Efectos visuales diseñados por John Dykstra. Efectos especiales creados por Digital Domain, Rising Sun Pictures, Cinesite, Legacy Effects y Moving Picture Company. Reparto por Roger Mussenden. Producción asociada por Kathleen McGill. Producción ejecutiva por Stan Lee, Todd Hallowell y Josh McLaglen. Producida por Simon Kinberg, P.G.A., Bryan Singer, Hutch Parker, P.G.A., y Lauren Shuler Donner. Protagonistas: James McAvoy (Profesor Charles Xavier), Michael Fassbender (Erik Lehnsherr/Magneto), Jennifer Lawrence (Raven Darkolme/Mystique), Nicholas Hoult (Dr.Henry “Hank” McCoy/The Beast), Oscar Isaac (En Sabah Nur/Apocalypse), Rose Byrne (Moira MacTaggert), Sophie Turner (Jean Grey), Tye Sheridan (Scott Summers/Cyclops), Evan Peters (Pietro Maximoff/Quicksilver), Alexandra Shipp (Ororo Munroe/Storm), Lucas Till (Alex Summers/Havok), Lana Condor (Jubilation Lee/Jubilee), Olivia Munn (Psylocke), Kodi Smit-McPhee (Kurt Wagner/Nightcrawler), Josh Helman (Coronel William Stryker), Ben Hardy (Angel), Zeljko Ivanek (Científico del Pentágono) y Hugh Jackman (James “Logan” Howlett/Wolverine). 2016. Duración: 144 minutos.